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[Lecturas para el verano] Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift

[Lecturas para el verano] Los viajes de Gulliver, de Jonathan Swift
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Lo más probable es que conozcas Los viajes de Gulliver de una de estas dos maneras: o lo leíste en tu infancia en una edición juvenil, o no lo has leído pero serías perfectamente capaz de hablar de él ya que conoces sus episodios más famosos (incluyendo, pero no limitándose a, el de protagonista despertándose en una playa tras un naufragio atado al suelo por un ejército de hombrecitos minúsculos). Mi sugerencia para este verano es que lo conozcas como su autor lo quiso, con los ojos de un adulto capaz de reconocer tras las bambalinas la sátira feroz contra la especie humana con la que se desquitó Jonathan Swift, aquél irlandés brillante y desdichado.

Parece algo redundante contar de qué trata el libro, pero pongámonos en situación. Lemuel Gulliver es un médico naval con pésima suerte en los destinos que escoge. Su primer viaje le lleva a naufragar en Lilliput, isla desconocida habitada por hombres diminutos, que lo consideran patrimonio nacional hasta que las intrigas de corte le hacen caer en desgracia. Naufragará a continuación en Brobdingnag, habitada por gigantes; allí será considerado una rareza y tratado por los reyes como un animalito preciado, hasta que la envidia del (descomunal) enano de corte volverá a ponerle en peligro.

Vendrá después la isla voladora de Laputa (y aquí es cuando de niño reías) habitada por sabios tan expertos en mirar los astros que no saben qué suelo pisan; países habitados por inmortales y en los que se resucita a los muertos; y finalmente la isla de los Houyhnhms, una raza de nobles e inteligentes caballos que comparten territorio con unas despreciables bestias llamadas yahoos, a los que el horrorizado Gulliver reconoce como humanos degradados en el epítome de sus defectos.

Como hemos dicho al principio, Swift escribió Los viajes de Gulliver para desquitarse de los enfrentamientos y fracasos de su carrera tanto en el clero anglicano como en la política de las islas. Una edición crítica adecuada podrá indicarnos la relación de pasajes con hechos históricos. Por ejemplo, Gulliver salva a la reina de Lilliput extinguiendo un incendio en su palacio al descargar el contenido de su vejiga encima, lo que ofende a la ingrata monarca; se lee aquí el reproche que hace Swift a la reina Ana por apartarle de su favor tras la publicación de sus panfletos obscenos.

Pero estos episodios no dejan de ser anecdóticos. Los viajes de Gulliver logran ser la manera más elevada de sátira, aquella que trasciende tiempos y lugares. Y es que Swift es una máquina de destruir. Todo se hace trizas bajo sus manos: la política, las costumbres, el estado, las naciones, la ciencia, la cultura y finalmente, lo que es más importante, el ser humano. El autor pulveriza entre festivo y cruel todos los mitos e ideales entorno a nuestra existencia, los anhelos de vida eterna o de anteriores tiempos mejores. El hombre ha sido siempre un ser imperfecto y lo será, un cúmulo de errores que cifran el fracaso de las leyes y morales que nos deberían hacer buenos. La conclusión no puede ser otra que la misantropia, y es un Gulliver aborrecedor de los demás hombres el que concluye el último viaje, incapaz de reintegrarse en la sociedad tras haber aprendido demasiado.

Se ha hablado mucho del carácter visionario de Gulliver, y en su escritura lo encontramos en la manera en la que aplica la visión relativa por delante de su tiempo. Gulliver gigante en Lilliput se permite juzgar los defectos de los enanos lilliputienses, pero en Brobdingnag es él el ridiculizado, y su descripción del Imperio inglés causa risa a un rey del tamaño de un rascacielos moderno. Con inmensa sagacidad Swift hace pasar a Gulliver por todos los estados: gigante entre enanos y enano entre gigantes, necio entre sabios y sabio entre necios, vivo entre muertos y muerto entre vivos, y finalmente lo coloca a elegir entre animales mejores que hombres y hombres peores que animales.

La carga de profundidad satírica y decididamente nihilista no quita que Los viajes de Gulliver se puedan disfrutar de la misma manera que las colecciones juveniles quieren que lo hagamos. Se adivina a pesar de todo un gusto por la aventura en Swift, asi como un detallismo puntilloso que hacen la narración muy vívida. Es un carrusel de imágenes que merece el estátus de clásico que detenta, tan rotundas como la del Gulliver atado. En su gusto por construir mundos y situaciones fantásticas manteniendo la verosimilitud, la obra podría considerarse proto-ciencia-ficción. No hay más que atender a la explicación del mecanismo de levitación de Laputa o al combate de Gulliver contra avispas gigantes.

Galaxia Gutemberg - Círculo de lectores edita una excelente edición ilustrada por el pintor Guillermo Pérez Villalta

En Papel en Blanco | Lecturas para el verano

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