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Libros Sobrevalorados (III)

Libros Sobrevalorados (III)
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La tercera parte de mi colección de los que considero libros sobrevalorados, con un éxito a mi juicio desproporcionado a sus virtudes literarias.

MOBY DICK, Herman Melville. Sí, sí, Moby Dick. Todo el mundo lo conoce. Lo tiene o lo ha tenido en su estantería. ¿Quién no sabe la historia? Una ballena enorme, y unos intrépidos que quieren neutralizar. Muy bonito, pero ¿quién ha leído Moby Dick? Yo lo hice. Y os aseguro que no es una buena experiencia. Es uno de esos libros que tus padres te obligan a leer a los siete, ocho o nueve años, apoyando inconscientemente tu decisión firme de no volver a leer en tu vida. Inverosímil, ultratópico e hilarante perfil (si es que existe) del tozudo Ahab. Desde las primeras páginas ya se huele el sopor, la narrativa tediosa e indigerible. El aburrimiento...

La saga CABALLO DE TROYA, J. J. Benítez. Aprovechando el lanzamiento del volumen octavo de la colección, podría decir oportunamente aquello de "con ocho basta". Pero esa no es la verdad. Quizás la verdad es que con dos o tres basta, e incluso con uno. Una buena idea explotada hasta la saciedad. Para viajar en el tiempo no hace falta explicar mediante párrafos interminables el funcionamiento del proceso, porque eso medra la inteligente imaginativa planteada por su autor respecto de la cosmología, la religión, la fe o el mito. Perfecto best-seller para quienes no leen con mucha asiduidad, que se tragarán igualmente el tercer libro que el séptimo (y les comprendo, diferencias hay pocas).

MIEDO A VOLAR, Erica Jong. Representó en su momento la última gran novela feminista de todos los tiempos. O algo así. Como idea, suena bien en las primeras páginas. Pero a base de mostrar en todas sus intimidades a una protagonista arquetípica y antipática, no se consigue la obra maestra que algunos (sobretodo algunas) pretenden ver. Tortuoso camino el del lector hasta llegar a un final plano. La supuesta revolución narrativa de esta obra resulta hoy casposa y predecible, sin ver más allá de sus palabras malsonantes y la mezcla de caradura y honestidad de la protagonista.

SOLDADOS DE SALAMINA, Javier Cercas. Se lanzó con pretensiones de acabar de una vez por todas con el manido subgénero de la Guerra Civil Española, en la que Cercas parece querer ofender la inteligencia de los lectores a base de masticar y explicar reiterativamente la historia presentada, que aun con su interés y su talento no es sino una fallida propuesta de extraña metanovela. Pero no ofende quien quiere, sino quien puede. Autocomplaciente hasta decir basta, hoy visible en ciertas librerías desde la misma puerta de entrada.

SIN NOTICIAS DE GURB, Eduardo Mendoza. Mendoza es uno de los grandes narradores de nuestro país, pero con la experimental Sin noticias de Gurb le salió el tiro por la culata. La originalidad que tanto se proclama no es más que un relato contado con indicaciones de la hora exacta en la que ocurren las cosas, un informe redactado por un extraterrestre de visita turística. ¿Qué es Sin Noticias de Gurb? ¿Una novela humorística? ¿Un análisis de la sociedad? ¿Una revisión matizada de La Conjura de los Necios? Un pretendido clásico de nuestra literatura que no cumple con ninguna de las preguntas anteriores.

EL CABALLERO DE LA ARMADURA OXIDADA, Robert Fisher. ¿Es posible que un relato para niños de 6 o 7 años se haya puesto por las nubes como un libro imprescindible para adultos? En el caso de esta dulzona historia de Robert Fisher, sí. Su agradable y fácil lectura, unido a que los símbolos propuestos son evidentísimos, hacen pensar a más de uno que este cuentecillo puede cambiarte la vida. Yo creo, sin embargo, que ni el mismo Fisher esperaba este éxito. Y es que es difícil esperar algo así cuando nos encontramos ante un cuento que un alumno de Secundaria podría hacer con algo de trabajo e inspiración.

¿QUIÉN SE HA LLEVADO MI QUESO?, Spencer Johnson. En la misma línea que El Caballero de la Armadura Oxidada. ¿Recuerdan esas Navidades en las que el mundo parecía girar alrededor de este libro? Vendían a cuatro vientos que este relato podían convertir a uno en el perfecto empleado, en el perfecto optimista, en el perfecto... qué se yo. Simplemente es un corto cuento sobre unos ratones en un laberinto que parecen estar inmersos en una gymkana. Y nada más.

MATAR A UN RUISEÑOR, Harper Lee. Otro gran beneficiado por la adaptación al cine (y van...). Pensar que si la película es buena, el libro ha de ser mejor, tiene aquí la perfecta excepción a la regla. Bajo el sustento de una panfletaria disposición reflexiva de la libertad y la realización personal, se muestra una narración torpe, unos diálogos inverosímiles y edulcorados, un ritmo poco inspirado, con absurdas subtramas y con una seria intención de que el lector deje de leer en cualquier momento.

EL OCHO, Katherine Neville. Enfundada en una extensión enorme, la pretenciosidad de esta novela asusta, y mucho. Cuando uno se encuentra delante de un supuesto best-seller de tamañas dimensiones, no está de más preguntarse si su lectura merecerá la pena. Y es que en las primeras páginas, el lector ya se sugestiona para pensar: "Qué pesadez. Bueno, ahora mejorará". El nudo: "No termina de arrancar. Pero al final compensará". Al llegar al final, uno se ha visto envuelto en un maremágnum de personajes, tramas paralelas, anécdotas históricas que implican al ajedrez, y una sensación de vaciedad difícil de digerir. Típica novela de fácil venta y difícil lectura, que bien por miedo a reconocerlo o por el dinero empleado, no ha convencido a ningún lector que tenga mejores cosas que leer.

¿Cuáles son para tí los libros más sobrevalorados?

En Papel en Blanco | Libros Sobrevalorados (I), Libros Sobrevalorados (II)

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