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'Tres tazas de té', de Greg Mortenson y David O. Relin

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La historia de Greg Mortenson es una de esas que, por mucho que sepas que son ciertas, resultan difíciles de creer. A principios de los 90 un alpinista americano que regresaba de una ascensión fallida al K2 se encontró perdido en una de las regiones más agrestes y míseras de Pakistán, el Balstistán. Por fortuna encontró una aldea en dónde, a pesar de la pobreza de sus habitantes, se le acogió como un huésped de honor y se le salvó la vida.

Agradecido, Mortenson pasó una temporada en el poblado balti de Korphe conociendo sus costumbres y necesidades, y le causó particular impresión el que los niños no tuevieran escuelas ni profesores, haciendo los deberes en campo abierto. Mortenson, sin dinero, apoyos, influencia y completamente sólo, prometió dotar a la aldea de una escuela.

Mortenson no sólo consiguió contruir la escuela sino que se terminó encontrando al frente de una organización benéfica que promueve la escolarización (en particular la femenina), el desarrollo sanitario y el económico de una de las regiones más pobres del mundo. Todo ello conseguido por un americano sólo en el turbulento Oriente Medio de después del 11-S.

El libro escrito por David Oliver Relin sobre la gesta de Mortenson tiene una doble intención. La primera es la evidente, dar a conocer al personaje y su fantástica peripecia vital. Sin tapujo alguno Relin confiesan que se ha dejado "fascinar" por Mortenson y leyendo el libro es difícil no terminar haciéndolo.

En honor a la objetividad y para no caer en la hagiografía, Relin dice haber dado voz a los "enemigos", o por lo menos detractores, de Mortenson. Pero realmente en ningún momento encontramos la "otra cara" que las historias reales suelen tener. Y esto es, muy probablemente, porque no la hay. Relin hace un retrato tan redondo del afán sencillo, voluntarioso y entregado de este hombre que no se aprecian ambigüedades ni dobles raseros. No es tan difícil admitir, después de todo, que hay seres excepcionales en este mundo.

La segunda intención es la política. Lo que empezó siendo una obra altruista se convirtió en la "guerra contra el terror" de un sólo hombre al advertir que otros estaban construyendo otras escuelas: las madrasas fundadas con dinero saudí en las que se forma el pensamiento fundamentalista y jiahidista.

Greg llevó a América el mensaje de que la educación y el desarrollo eran la verdadera guerra contra el terror, que con una escuela en cada pueblo fuera de la órbita fundamentalista los talibanes desaparecerían en una generación. En los Estados Unidos bajo estado de shock tras el 11-S, decir en voz alta que no todos los musulmanes son malvados le valió insultos y amenazas de muerte. Siete años después, Mortenson puede decir que ha llegado al corazón de América: el éxito tanto de su fundación como de este libro así lo prueban.

El trabajo de Relin como narrador es en general correcto. Es capaz de anticiparse a la extrañeza del lector ante los acontecimientos extraños y sorprendentes que se van a suceder, por muy reales que fueran. Mortenson irá haciendo extraños aliados tanto en Pakistán como en Estados Unidos, y las aventuras de su vida pasan por la tensión de ser secuestrado por talibanes al humor un tanto negro de ser secuestrado por una ancianita americana solitaria que le atrae con la promesa de una cuantiosa donación.

Eso no evita sin embargo digresiones que no se acaban de justificar, como por ejemplo el tiempo dedicado al primer fracaso de Mortenson en formar una familia en EE.UU. (por otro lado predecible en un hombre que pasa su vida en la otra punta del mundo). Relin dedica tiempo a que conozcamos al personaje y su entorno familiar, a demostrarnos los sacrificios que ha tenido que hacer, pero no tienen desde luego el mismo valor ni la riqueza que el núcleo de la historia, el trabajo de Mortenson por escolarizar a los niños más pobres del mundo.

Tres tazas de té es una lectura gustosa y agradecida, una visión optimista pero no edulcorada de los conflictos contemporáneos y lo mucho que puede conseguir el valor, la filantropía y un poco de sentido común. Se le podría reprochar que su moraleja política es algo simplista, pero mientras sigamos escuchándo eslóganes del tipo "mátalos a todos y que Alá escoja a los buenos" habrá que combatir al simplismo mentiroso con demostraciones simples.

Sitio Oficial | Tres Tazas de Té

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