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Umberto Eco: "Dan Brown es una de mis criaturas"

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Umberto Eco publicará en breve una antología de sus ensayos sobre medios de comunicación y poder político titulada Retrasando el reloj A paso de cangrejo. Sobre este libro ha hablado en una entrevista para el New York Times conducida por una tal Deborah Solomon, posiblemente lo más inepto en cuanto a periodismo cultural que se pueda echar uno a la cara y con raros prejuicios hacia el país de la bota. Totalmente escandalizada ante la idea de que el fascismo italiano inspirara el nazismo, Solomon acaba produciendo esta perla: ¿Está diciendo que Italia marcó el estilo de la moda - o el arte - y el fascismo?

Parece increíble que una entrevista tan corta pueda resultar tan tensa. Pero lo mejor llega al final, cuando Solomon pregunta a Eco si ha leído El Código Da Vinci, "lo que algunos críticos consideran la versión pop del Nombre de la Rosa".

Mi respuesta es que Dan Brown es uno de los personajes de mi novela, El Péndulo de Foucault, que habla de gente que empieza a creer en asuntos ocultistas.

Y la Solomon, cual cabestro, que continúa: Pero usted parece interesado en la cábala, la alquimia y otras prácticas ocultas...

No, en El Péndulo de Foucault escribí la representación grotesca de esta clase de personas. Así que Dan Brown es una de mis criaturas.

Lo que más me divierte de todo esto es que Eco, ese viejo zorro, acierta de pleno. Nadie puede negárselo. El Péndulo de Foucault, ese libro casi tan odiado como el Ulises, trata justamente de unos ocultólogos aficionados que se construyen su propia conspiparanoia al principio como juego editorial, pero terminan atrapados por su propia ficción y triturados por la realidad que ellos mismos han transtornado. Todos los Browns, Benítez y cuartomilenarios están colgados de ese Péndulo.

Y no sé cuáles son las razones que han llevado a un crítico a decir que El código Da Vinci es la versión "pop" del Nombre de la Rosa, pero se me ocurre que quizás se refiera al ruido que se hace a veces al defecar.

Gracia a Antonio por la fuente.

Vía | New York Times (en inglés)

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