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'Y las montañas hablaron', de Khaled Hosseini

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“Cuando una novela está lograda, cuando consigue capturar enteramente nuestra atención, fascinarnos y hechizarnos, esa novela nos hace sentir esa posibilidad de lo infinito, de una historia que realmente seguida en toda su trayectoria no tiene principio ni, desde luego, fin”. El comentario es de Mario Vargas Llosa y, aunque lo realizó la semana pasada durante la presentación de 'El héroe discreto', se ajusta como anillo al dedo a Y las montañas hablaron, la última novela del autor de Cometas en el cielo y Mil soles espléndidos.

Y es que, partiendo de un tronco común, 'Y las montañas hablaron' encierra múltiples historias, protagonizadas por diferentes personajes, emplazadas en diversas ciudades del mundo y en años distintos, pero que comparten tronco y raíces; en este caso, se trata del relato de varias generaciones de una misma familia afgana que abarca desde 1952 hasta nuestros días. La novela arranca en una remota y desolada aldea de Afganistán, Shadbagh, donde una humilde familia campesina decide dar en adopción a su hija pequeña, Pari, de tres años, separándola de Abdulá, el hijo mayor de 10, que hasta ahora había cuidado de ella. Con la venta de uno, los padres se aseguran mantener al resto y una vida mejor. “Sólo hubo unas palabras por parte de Parwana: `Tenía que ser ella. Lo siento, Abdulá. Tenía que ser ella´. El dedo cortado para salvar la mano”.

Tras demostrar con creces sus buenas dotes de narrador en sus dos primeras novelas, Khaled Hosseini da un giro más y se atreve con un texto que se asemeja a un caleidoscopio, que gira y gira sobre una misma historia, pero que va enriqueciendo, en cada vuelta o capítulo, con nuevas tramas, nuevos personajes, nuevas imágenes. Además, en algunas rotaciones, esos espejos devuelven al lector reflejos conocidos (un roble gigantesco, una fotografía, una casa, por ejemplo) que vienen a recordar que el relato de fondo, del que parte todo, comienza con la separación de los dos hermanos.

Al igual que el peso de la historia no recae en un solo personaje, Hosseini tampoco ha querido que la narración fuera lineal o concentrarla en una tercera persona omnisciente. Así, juega durante todo el texto variando el narrador, saltando en el tiempo –casi siempre hacia el futuro, pero también retrocede en alguna ocasión–, a la vez que no duda en insertar versos, una entrevista, cancioncillas, un par de cartas o incluso ese precioso cuento con el que da comienzo el libro. “Había una vez, en los tiempos en que divs, yinns y gigantes vagaban por estas tierras un granjero cuyo nombre era Baba Ayub”.

La novela es, sin duda, ambiciosa y Hosseini supera el reto. No obstante, su internacionalización (al margen de Shadbagh o Kabul, hay pasajes que nos trasladan a la isla griega de Tino, París, San Francisco) y esa vasta sucesión de personajes e historias imbricadas provocan que se pierda algo de la magia que el autor afgano consiguió con sus obras anteriores. Con ambas, pero sobre todo con Mil soles espléndidos, logró atrapar al lector (a 38 millones, según su editorial) de tal manera que, más que empatizar con las dos mujeres protagonistas, Mariam y Laila, pasaron a tener un huequito en su corazón. Seguro que, desde su lectura, puso más atención a las noticias que oía sobre Afganistán o se interesó por un pueblo al que asociaría ya para siempre con esos personajes que consiguieron traspasar el papel.

Y las montañas hablaron Khaled Hosseini Editorial Salamandra Precio: 20 euros en rústica 382 páginas

Más información | Salamandra

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