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'Era apacible el día', de Rosalía de Castro

'Era apacible el día', de Rosalía de Castro
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Hoy traemos a nuestras páginas un poema de Rosalía de Castro, muestra del Romanticismo tardío, cuando autores como Bécquer y Rosalía eliminan la exageración retórica anterior y dan una nueva forma a la expresión poética.

"Era apacible el día" corresponde a la última producción lírica de Rosalía, cuando predomina una poesía intimista, de lenguaje sencillo, en la que la autora se deshace en angustia, soledad y desesperanza. En estos versos dominan la naturalidad y el equilibrio en imágenes y emoción, a pesar del tema trágico que nos desvela. En el poema se nos muestra el temperamento melancólico de la autora y el sentimiento de dolor que impregna su obra, en este caso debido a la muerte de un hijo de corta edad.

Contenidamente, nos muestra una naturaleza protagonista y compañera de sus sentimientos, en la línea de pesimismo ante la vida y la muerte y de huida de la realidad, propios del Romanticismo. El dolor ante la muerte de su hijo contrasta con la calma del niño, tierna rosa, que se va para siempre.

Era apacible el día y templado el ambiente y llovía, llovía, callada y mansamente; y mientras silenciosa lloraba yo y gemía, mi niño, tierna rosa, durmiendo se moría.
Al huir de este mundo, ¡qué sosiego en su frente! Al verle yo alejarse, ¡qué borrasca la mía!.

Tierra sobre el cadáver insepulto antes que empiece a corromperse..., ¡tierra! Ya el hoyo se ha cubierto, sosegaos, bien pronto en los terrones removidos verde y pujante crecerá la hierba. ¿Qué andáis buscando en torno de las tumbas, torvo el mirar, nublado el pensamiento? ¡No os ocupéis de lo que al polvo vuelve! Jamás el que descansa en el sepulcro ha de tornar a amaros ni a ofenderos. ¡Jamás! ¿Es verdad que todo para siempre acabó ya? No, no puede acabar lo que es eterno, ni puede tener fin la inmensidad. Tú te fuiste por siempre; mas mi alma te espera aún con amorosa afán, y vendrás o iré yo, bien de mi vida, allí donde nos hemos de encontrar. Algo ha quedado tuyo en mis entrañas que no morirá jamás, y que Dios, por que es justo y porque es bueno, a desunir ya nunca volverá. En el cielo, en la tierra, en lo insondable yo te hallaré y me hallarás. No, no puede acabar lo que es eterno, ni puede tener fin la inmensidad. Mas... es verdad, ha partido, para nunca más tornar. Nada hay eterno para el hombre, huésped de un día en este mundo terrenal, en donde nace, vive y al fin muere, cual todo nace, vive y muere acá.

Más información | Rosalía de Castro En Papel en Blanco | Rosalía de Castro, escritora a pesar de todo

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