Compartir
Publicidad

'Odio y amo', la poesia amorosa de Catulo

'Odio y amo', la poesia amorosa de Catulo
Guardar
2 Comentarios
Publicidad
Publicidad

Odio y amo Quiza te preguntes cómo puedo hacer eso. No lo se. Pero es lo que siento, y me torturo.

Catulo nació en Verona, en el año 87 a.d.C. y vivió en la Roma del fin de la República. Era aquella la Roma de las conjuras, de las damas sibilinas y bellas, de las fortunas inmensas amasadas a costa de los provinciales, de los asesinatos políticos, de las batallas verbales en el foro. Catulo fue contemporáneo de César a quien dedica unos cuantos versos, de Cicerón y de Publio Clodio, el tribuno de la plebe que abandonó el patriciado y se convirtió en el más representativo exponente de la juventud dorada revolucionaria. Con ellos se relacionaba y seguramente no andaba escaso de opiniones políticas, pues en algunos de sus poemas se dejan ver.

Pero sobre todo Catulo será siempre un poeta vivo por todos aquellos versos amorosos y lascivos. Por los versos que hablan de la pérdida y la melancolia. Lo será también por los mas insultantes y burlones, los que acusaban a su amada de entregarse a cualquiera en cualquier esquina. Su pasión por Lesbia, su amante, todavía hace emocionarse al lector. Escuece y quema. Los poetas antiguos no son lejanos recitadores que nada pueden decirnos. No. Catulo habla con llaneza de las pasiones que seguimos sintiendo. Y habla del despecho y de la agonía que es obligarnos a enterrar un amor perdido.

Desgraciado Catulo, deja de hacer locuras, y lo que está perdido, dalo por perdido.

Lesbia. Bajo ese nombre se esconde una de las damas aristocráticas más conocida en Roma, hermana de Publio Clodio y esposa Metelo Celer. Calificada de libertina y manipuladora, la mas amada y la más odiada de las mujeres para nuestro joven poeta. Cuando habla de ella, de su pasión y su desdén, Catulo revive ante nosotros, con una potencia inmortal y contemporánea.

Lesbia continuamente me maldice, pero no deja de hablar de mi jamás, que me muera si Lesbia no me quiere. ¿Como lo se? Porque yo hago exactamente lo mismo y que me muera si no la quiero.

Para disfrutar los poemas de Catulo es ideal una edición bilingue como esta, publicada por Hiperión, quizá una de las que más me han gustado en sus traducciones. A Catulo hay que traducirlo de forma cercana, sin temer usar las palabras malsonantes y repetir las obscenidades o los insultos mas crueles. Hay que leerlo como son sus poemas en latín: rebosantes de vida y sin miedo a ofender a los bienpensantes y a los mojigatos. Él seguro lo hubiese querido así.

Vivamos, Lesbia mía, y amemos: los rumores severos de los viejos que no valgan ni un duro todos juntos. Se pone y sale el sol, mas a nosotros, apenas se nos pone la luz breve, sola noche sin fin dormir nos toca. Pero dame mil besos, luego ciento, después mil otra vez, de nuevo ciento, luego otros mil aún, y luego ciento... Después, cuando sumemos muchos miles, confundamos la cuenta hasta perderla, que hechizarnos no pueda el envidioso al saber el total de nuestros besos.

Sitio oficial | Editorial Hiperión

Temas
Publicidad
Comentarios cerrados
Publicidad
Publicidad
Inicio