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Palabras sin significado que todos podemos entender (y II)

Palabras sin significado que todos podemos entender (y II)
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La forma original del poema que analizábamos es:

Coesper erat: tune lubriciles ultravia circum Urgebant gyros gimbiculosque tophi; Moestenui visae borogovides iré meatu; Et profugi gemitus excrabuere rathae.

También nos damos cuenta de un vistazo que está escrito en latín. Y lo mismo sucede en francés. En resumen: el lenguaje funciona de una forma mucho más económica de lo que tendemos a pensar.

Las palabras forman parte de extensos clanes y grupos, y todavía podemos reconocer el parentesco existente entre ellas. Pero lo más asombroso es que, a pesar de su economía, el lenguaje nos proporciona un excedente de información; nos informa dos o tres veces de lo mismo, como ocurre en la expresión “agiliscosos giroscaban los ligazones”. Lo explica Dietrich Schwanitz:

En el caso de “limazones”, se nos dice tres veces que se trata de un plural: así nos lo indica la terminación “-s” de “limazones”, la terminación “-n” de “giroscaban” y la terminación “-s” de “agiliscosos”. Pero ¿para qué tanto derroche? Respuesta: las redundancias evitan posibles pérdidas de información.

Y ahora os copio el resto de este poema construido con palabras sin sentido. Su título es Gahmatazo. La traducción al español es de Jaime de Ojeda. Su origen, sin embargo, es incierto. Había un poema parecido en inglés, Lewis Carroll lo completó e hizo que la pequeña Alicia encontrase su imagen invertida en el país situado al otro lado del espejo.

¡Cuídate del Galimatazo, hijo mío! ¡Guárdate de los dientes que trituran y de las zarpas que desgarran! ¡Cuídate del pájaro Jubo-Jubo y que no te agarre el frumioso Zamarrajo! Valiente empuñó el gladio vorpal; a la hueste manzona acometió sin descanso; luego, reposóse bajo el árbol del Tántamo y quedóse sesudo contemplando. Y así, mientras cavilaba firsuto, ¡¡hete el Galimatazo, fuego en los ojos, que surge hedoroso del bosque turgal y se acerca raudo y borguejeandoü ¡Zis, zas y zas! ¡Una y otra vez zarandeó tijereteando el gladio vorpal! Bien muerto dejó al monstruo, y con su testa ¡volvióse triunfante galompando! ¿Y haslo muerto? ¿Al Galimatazo? ¡Ven a mis brazos, mancebo sonrisor! ¡Qué fragarante día! ¡Jujurujúu! Jay, jay! Carcajeó, anegado de alegría. Brillaba, brumeando negro, el sol; agiliscosos giroscaban los limazones banerrando por las váparas lejanas; mimosos se fruncían los borogobios mientras el momio rantas murgiflaba.
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