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'Romancero Gitano', Lorca se gana la inmortalidad

'Romancero Gitano', Lorca se gana la inmortalidad
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Romancero Gitano de Federico García Lorca apareció en julio de 1928 y alcanzó hasta siete ediciones en vida del autor. Su publicación puso fin a un proceso de escritura llevado a cabo, sustancialmente, entre 1924 y 1927. El título correcto del libro, que se mantuvo en portada y en las primeras páginas de las ediciones primitivas, fue 'Primer Romancero Gitano'. La presencia del ordinal no debe entenderse como una implícita promesa de un segundo libro o, mucho menos, de una serie dedicada al tema. Obviamente debemos conceder a ese 'primer' un valor ponderativo de la originalidad del tema, con voluntad de llamar la atención sobre el mérito de poetizar el tema gitano por 'primera vez'.

'Romancero Gitano' es el tercer libro de poemas publicado por Federico García Lorca (antes había aparecido el Libro de poemas, 1921, y Canciones, 1927), aunque otros dos libros suyos, Poema del cante jondo y Primeras canciones, estaban escritos antes de la publicación del Romancero (1921 y 1922 respectivamente). Después del Romancero aparecerá el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías (1936), compuesto dos años antes de su publicación, Poeta en Nueva York (1940), elaborado diez años antes de ser publicado, y Diván del Tamarit (1940) cuya composición debió terminarse en 1936. A luz de esas fechas, 'Romancero Gitano' se nos presenta como libro central en la creación poética de Lorca. Nos encontramos, en principio, ante una obra estructurada en dos bloques desiguales, con personalidad propia cada uno de ellos, dentro de una gran homogeneidad del libro como conjunto. El bloque primero, el más extenso y, sin duda, el principal, va desde el romance primero al decimoquinto. Contiene la personal visión de Lorca del mundo gitano o, con más propiedad, su personal invención de un mundo gitano que es autónomo, inconfundible, no identificable ni homologable con ninguna realidad existente. Un mundo que el poeta comienza a crear en el romance primero, cuando ve la luna acercarse a la fragua para llevarse consigo una incipiente vida gitana y que destruye en el decimoquinto, cuando los gitanos, embebidos en el trabajo que se les adjudicó en el romance primero (los gitanos en sus fraguas / forjaban soles y flechas), son brutalmente sorprendidos, saqueados, quemados y asesinados bajo idéntica presidencia luminosa de la luna. Una luna que en el romance primero era una luna llena (polisón de nardos), y que finalmente es una luna menguante y como ajena o despreocupada de la peripecia humana: la media luna soñaba / un éxtasis de cigüeña. Un mundo que se abrió entre nardos embriagadores y se cierra con siemprevivas, lorquiana flor de la muerte.

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El bloque segundo, breve y sugerente, está compuesto por tres poemas históricos: romances decimosexto, decimoséptimo y decimoctavo, que sirven al poeta para dar, en pinceladas sueltas, su versión agitanada de unos cuadros histórico-legendarios.

Hasta por su misma extensión resultan destacados los cierres de ambos bloques del libro. Porque, teniendo los distintos romances una media de unos sesenta versos, los romances decimoquinto y decimoctavo destacan por su longitud. El decimoquinto se alarga hasta los ciento veinticuatro versos para narrarnos la destrucción del mundo gitano; el decimoctavo, con sus redondos cien versos, cierra el libro. En esta misma línea de observaciones cuantitativas y, por lo tanto, externas, hay que destacar que el romance primero, con sus treinta y seis versos, es el más breve del libro, subrayándose así su carácter de rápida y sugerente introducción.

Ambos romances extremos, el del bloque parcial y el del cierre definitivo, además de estas particularidades cuantitativas, presentan unas claves significativas de primera magnitud, que ayudan a entender por qué están necesariamente en el lugar concreto que ocupan en el libro. El decimoquinto, por la contestación que sus últimos versos ofrecen a la pregunta-estribillo que con anterioridad se siembra reiteradamente (¡Oh ciudad de los gitanos / ¿Quién te vio y no te recuerda?):

Que te busquen en mi frente. Juego de luna y arena.

Destaco esos dos últimos versos porque es el propio poeta quien nos declara sin ambages que todo lo escrito anteriormente nace y se desarrolla exclusivamente en su imaginación. Por su lado, el romance decimoctavo ocupa justificadamente el cierre definitivo del libro por el tajo terminante y categórico que en él se da al género poético que hasta ese momento ha cultivado Federico, y que desde aquí claramente desecha, con David que con unas tijeras / cortó las cuerdas del arpa, últimos versos del romance final, que no es otro sino Federico culminando un ciclo poético.

En la mitad del libro se encuentran los tres romances dedicados a ciudades andaluzas. El romance octavo a Granada, simbolizada en San Miguel, el noveno a Córdoba, representada por San Rafael, y el décimo a Sevilla, encarnada por San Gabriel. Los tres poemas dividen el primer bloque en dos. Los poemas anteriores, del primero al séptimo, tienen como figura central a la mujer gitana, mientras que los posteriores, del undécimo al decimoquinto, es el hombre quien lleva el peso de los romances. Curiosamente, los tres romances dedicados a las ciudades, de nombre y alma femenina, son evocados bajo las figuras de tres santos varones. En el sector dedicado a la mujer gitana el lugar central lo ocupa el Romance sonámbulo, uno de los poemas más grandes que se han escrito en lengua castellana y que trataré en un futuro post.

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En 'Romancero Gitano' Lorca mezcla sabiamente rasgos de raíz clásica con elementos vanguardistas. Por un lado, recoge la tradición de los romanceros españoles, comenzando sus poemas 'in media res' y dejando un final abierto o inacabado en muchas ocasiones, haciendo uso del narrador para sus descripciones y dando voz a los personajes, con diálogos de estilo directo que no están introducidos por verba dicendi. En esta misma dirección hacia lo clásico debemos destacar las múltiples anáforas, repeticiones y formas paralelísticas que inundan todo el poemario, así como el tema y las maneras, muy populares o tradicionales, al igual que la simbología: el caballo como paradigma de la pasión, la luna (que aparece 218 veces) como alegoría de la muerte o el uso de la flora, como las rosas o las siemprevivas como símbolos de la sangre y la muerte, respectivamente.

En cuanto a lo vanguardista, destaca sobre todo su sin par uso de la metáfora como base de la imagen, elemento principal de todos los poemas. Todo ello da como resultado un romancero del siglo XX, uniendo los romances tradicionales y del Siglo de Oro (sobre todo de su admirado Góngora) con las rompedoras vanguardias de comienzos de siglo.

Sitio Oficial | Fundación García Lorca En Papel en blanco | Federico García Lorca

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