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Tras un varón siempre hay un niño: Sergio Algora (1969-2008)

Tras un varón siempre hay un niño: Sergio Algora (1969-2008)
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Se ha marchado Sergio Algora, poeta y cantante, como prefieran la disponibilidad, sin hacer mucho ruido y uno no puede evitar encajar la noticia con cierta tristeza. Me tocó perderme, cuestión generacional, el fenómeno que supuso El Niño Gusano grupo que encajó el surrealismo a golpe de canción indie casi triste.

Decía Arcadi Espada que los blogs no terminan como los libros, sino que como la vida, se interrumpen. He dado con la muerte de Algora en mi vista habitual de links a Agustín Fernández Mallo. La blogoesfera también cuenta interrumpciones en forma de post. El último poema que pudimos leer de Algora fue en su bitácora en ClubCultura fue éste, sin título:

"Hombres pelados con cuchilla, mujeres en el sacapuntas, niños en la mina, planetas en el zoo, estrellas en el cortejo." Dejé mi país para ser etíope por un año. Dejé de dictar para subordinarme. Etiopía estaba bajo la nieve. La fiebre la había helado. El matadero de la Adis Abeba estaba abandonado. Los buitres habían construido allí una nueva ciudad. Los niños, como heraldos, soplaban los cuernos arrancados de las reses. Los ancianos se convertían en pergaminos. El ganado se reducía a cenizas. Los adivinos contemplaban el humo y las heces. Los brujos traducían los poemas del premio Loewe. Nos dábamos por el culo sin cesar, tiritando en las chozas. Cada nevada exterminaba una tribu. Nos quedábamos con sus cuerpos y con sus enseres. Parecía que un sueño invernal iba a terminar con el hambre. Llegaron los renos y Santa Claus y cargaron en el trineo los leones famélicos que se exhibían en el palacio presidencial. Le dimos un león a la uno, dos a la dos, tres a antena tres, cuatro a la cuatro, cinco a la cinco, seis a la sexta, una jirafa a la once, todo el oro de África a todos los santos, el único clítoris mayor de dieciocho años al único dios. El entrenador de dios, colocó el clítoris africano en el centro del campo de un chochito blanco y lo hizo debutar en el mundial.

De sus trabajos poéticos el que había leído fue Cielo ha muerto, tal vez el más ligado intrínsecamente a su faceta musical. O tal vez lo sea toda su obra, sin que estas reflexiones tengan demasiado valor ahora mismo. En todo caso uno asiste a la tragedia de que termina una obra sin despedidas o miradas de perspectiva, Algora era demasiado inteligente y fértil como para lanzarse al súbito agotamiento, pero permanecen los libros y las canciones, los discos y los poemarios, las representaciones teatrales, espero. Y toda esa poesía, de escuela vanguardista como buen lector, se nota en cada canción.

Por lo que a mi respecta me tocó vivir La Costa Brava, el verdadero gran grupo pop español de los últimos años, por encima de esos tantos otros grupos de dos elepés de medio pelo. Y era grande por su condición, casi tan antigua como la misma música pop, de grupo secreto, de selección de culto elevada al lirismo más inesperado. El himno de mi generación, puedo decirlo sin tapujos, ha sido Adoro a las pijas de mi ciudad.

Hay por supuesto muchas más canciones. Entre ellas la insuperable y conmovedora balada Canción de regalo, un ejemplo del romanticismo insobornable y profundo de Algora que contiene versos así:

“ Y los bomberos en tu honor Hacen sonar la sirena del camión Y como hizo Elton John Te regalo esta canción “

O Lentillas de colores, ejemplar descripción de un paisaje de resaca que devenía en auténtica poesía existencialista, todo ello rodeado de unos coros que evocan a los mejores Beach Boys.

“Y es que sólo me interesa La gente bien dispuesta Para compartir La angustia de ser hombre”

Músico y poeta. Descanse en paz.

En Papel en Blanco l Entrevista con Agustín Fernández Mallo En Weblogs SL l Ha muerto Sergio Argola

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