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La peor escena sexual de 2008

La peor escena sexual de 2008
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Como sabéis los ingleses tienen un peculiar sentido del humor a la hora de conceder premios literarios. Uno de los más destacados es el Bad Sex in Fiction Award, que cada año entrega la Literary Review a la peor descripción de una escena erótica en literatura. El premio, que el año pasado recayó póstumamente en Norman Mailer, ha sido para Rachel Johnson por su libro Shire Hell.

Los motivos que han llevado al jurado a decidirse por Johnson han sido dos. En primer lugar, las incongruentes metáforas sacadas del mundo animal que usa para describir actos sexuales (hay una polilla en un farol y un gato lamiendo leche; no digo más). Lo segundo es que la narradora se refiera al pene de su amante como a una tercera persona, en un momento aterrador en el que tememos que cobre vida propia. Juzgad vosotros mismo este festín de malsexo:

JM se acerca y me empuja delicadamente sobre la piel falsa. Intento levantarme para besarle - es tan encantador, el besarse - pero vuelve a empujarme. Le gusta besarme por todas partes antes de hacer lo demás. Empieza por mis ojos, y planta un tierno beso en cada párpado.

Pasa a mis orejas, un beso que hace que mis pezones se pongan erectos, y me hace emitir pequeños gemidos que ahogan en mis oídos el pesado, distrayente sonido de las hojas del muelle de Cumberbatch y las lacrimosas ortigas y las altas hierbas muy cercanas que se encorvan y tambalean.

Las manos de JM acarician mis pechos, ahora, y se me permite devolverle el beso, pero no por mucho tiempo, ya que se zafa para dar a cada pecho la atención que se merece. Mientras mordisquea y tira con su boca, sus manos encuentran mi matojo, y con dedos ligeros revolotea por ahí, como si fuera una polilla atrapada en un farol.

Casi gritando tras cinco minutos agónicamente placenteros, lo agarro para meterlo, mientras golpea furiosamente contra nuestros dos vientres, dentro, pero él sujeta mis dos brazos y mete su lengua en mi núcleo, como un gato bebiendo de una escudilla de nata para no perder ni una gota. Me encuentro agarrándole de las orejas y tirando de los bucles que lo coronan, a pesar mío, y extraños sonidos animales se me escapan mientras que el culminante crescendo wagneriano se apodera de mí. Deseo realmente en este momento que todos los Spodders estén, como requerido, asistiendo a la reunión sobre limpieza de babosas o lo que sea.

John Updike, cuatro veces nominado al premio, ha recibido una mención de honor por una escena de su reciente La viudas de Eastwick. Se trata de una descripción de sexo oral llamativamente grumosa que mi delicado estómago me impide transcribir.

Vía | The Guardian

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