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Premio Pereza

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José Manuel Lara pasa por el Papá Noel de los escritores. Dice el mito que a los escritores les gustaría ser tratados como estrellas del rock, y que en España sólo Lara, con su barba blanca y su corpulencia bonachona, es capaz de obrar el milagro. Hay escritores que se acuestan soñando con recibir su llamada, aquella que les anuncie la fama y la fortuna, el éxito de ventas, las entrevistas en televisión.

Para otros, precisamente por eso, José Manuel Lara es el demonio. Please allow me to introduce myself - dicen algunos que oyen por el auricular - I'm a man of wealth and taste (y aquí, llegan a decir, la voz suelta un ronquido de mofa). Después se marcan las condiciones del pacto: entrégame un libro tuyo y todo esto será tuyo. ¿Qué libro? ¡Qué importa! No es que se vaya a vender sólo (ya está vendido), es que el Planeta no es tanto fabricar un éxito editorial como comprar un alma.

¿Exagero? Mirad a Álvaro Pombo. ¿Qué escritor en su sano jucio rechazaría los lectores, los honores?, decía al ser premiado y de paso administrarle el purgativo de prestigio que necesitaba el Planeta tras enfangarse el año anterior hasta el cuello. Y de repente Pombo es tertuliano en las televisiones del Grupo Planeta y en otras muchas más, codeándose encantado con celebrities de sobremesa. El Planeta convierte a estrellas en escritores y en escritores a las estrellas. El orden de los factores no altera el producto, y el producto es el de siempre. Qué pereza.

Me diréis que qué se yo si las obras son buenas o malas. Os respondo que qué mas da. Imagino que hubo un tiempo en el que el Planeta premiaba libros, no compraba escritores, o al menos lo uno no iba sin lo otro. Puede que en la época de Muñoz Molina y el Invierno en Lisboa. Hoy en día una novela Premio Planeta no es una novela, aunque lo parezca: es el recibo de la compra de Don José Manuel.

Todos los años los medios nos volvemos locos con el Planeta. No deja de ser el premio mejor dotado y supongo que se nos contagia la adrenalina, como en los telediarios llenos de gente histérica tras el sorteo del niño. Pero como ilustraba el Escorpión, esto se va pareciendo a una boda de pueblo en donde todo se conoce y se espera desde años, y aún así hay que simular entusiasmo. A mi se me ha acabado. Me dan pereza los libros porque sí.

Y vayamos con Juan José Millás, porque del otro poco más hay que decir. Me gusta Millás, es un articulista brillante. Como novelista no lo es. Un vez le escuché decir que no distinguía entre periodismo y literatura. Con esa tara de fábrica no se llega a novelista, pero sí a otras cosas igualmente dignas que merecerían reconocimiento de por sí. Y he ahí el primer agravio. De vivir Larra, Don José Manuel le exigiría una novela.

Sobre las razones de Millás para aceptar el premio, me voy a remitir al igual que Manuel al sensacional artículo de Rafael Reig. Hay que reconocerlo, el oficio de escritor es muy jodido. Después de toda una vida de trabajo nadie puede reprocharle querer cobrar el cheque, tener una jubilación del oro. Mis respetos hacia Juan José Millás. Hacia el Planeta, ninguno.

En Papel en Blanco | Juan José Millás Premio Planeta 2007

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