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‘Maneras de perder’, de Felipe Benítez Reyes

‘Maneras de perder’, de Felipe Benítez Reyes
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A estas alturas puedo afirmar sin titubeos que Felipe Benítez Reyes (1960, Rota) forma parte de mi devocionario personal. Quizá nunca se ha caracterizado por ser un gran contador de historias, pero su faceta poética (tiene varios poemarios en su haber y premios de peso como el Nacional de Literatura) mezclada con su visión turulata e iconoclasta y unas reflexiones agudísimas sobre lo mundano lo convierten en un escritor adictivo, divertido y evocador.

Sus novelas son más ensayos excéntricos que otra cosa, colecciones de ingeniosas imágenes que basculan entre lo sublime y lo grostesco.

La única excepción es su obra Mercado de espejismos, premio Nadal 2007, a la que hay que dar de comer aparte. Pero una mancha curricular no es capaz de empañar una de las voces españolas más originales del momento.

Maneras de perder es una antología de quince relatos concisos (algunos de apenas dos páginas), en los que Benítez Reyes demuestra su habilidad con las palabras y con las imágenes rocambolescas. Como muestra, un par de ejemplos:

O no sé si se encerraba simplemente para igualar su soledad con la de esos científicos chiflados que salen en las películas, tipos extravagantes y despeinados, con barbas vanguardistas y soviéticas, riéndose como conejos autistas.

Si abandonas una casa, las arañas se ponen a tejer con impunidad, el polvo esparce sus desiertos ingrávidos sobre los muebles, las hormigas van creando sus galerías en los tabiques y llenando el suelo de pequeñas pirámides de arenisca..

El problema que surge cuando uno lee a Benítez Reyes es que, por norma, o se te hace muy largo y digresivo o, por el contrario, demasiado sucinto. En esta antología ocurre lo segundo. Hay cuentos ingeniosos, pero la mayoría no son más que pequeños experimentos poéticos o simples anécdotas. Todos ellos protagonizados, indefectiblemente, por personajes raros y esquinados. Todos ellos repletos de descripciones acerca de objetos cotidianos que en boca del autor resplandecen como enseres encontrados en un platillo marciano.

Entonces ¿vale la pena dedicarle un par o tres de horas a este Maneras de perder? Pues depende de lo que uno busque. Si uno busca cuentos ingeniosos y argumentos impactantes, no. Si uno se decanta por esbozos inconcretos e imágenes poéticas (mezcladas con toques surrealistas y trapisondos), pues entonces Maneras de perder es su libro.

El mundo como juego de billar constituye quizás la única excepción (el cuento más largo, por cierto), donde se narran los extraños recelos de un hombre hacia su mujer, aristócrata catalana venida a menos que acaba ganando un importante premio de novela con una ficción histórica entreverada de romanticismo hiperglucémico. Aquí se cuenta una historia que suscita tanto interés que, al final, acabas echando de menos saber un poco más.

Con las cucarachas no valen casi de nada las finuras: tu única esperanza es toparte con una y aplastarla –y que el crujir de su armadura macabra te recorra todo el cuerpo, desde el pie hasta la cabeza, como un escalofrío polar. Las cucarachas son astutas: saben fingir la muerte. Machacas a una con el cepillo, la dejas en el recogedor, creyéndola reventada, y sales corriendo a lavarte las manos sin motivo alguno, simplemente porque el asco se concentra siempre en las manos. Cuando vuelves, compruebas que la cucaracha no está allí, y entonces tienes ya otro problema: la cucaracha herida deambula por tu casa como una pequeña cápsula de rencor.

En resumidas cuentas, una antología de relatos para paladear a nivel formal y, también, para empezar a enfocar las cosas más cotidianas, aquéllas a las que apenas dedicamos atención, con la minuciosidad que le dispensamos a los objetos más exóticos.

Editorial Tusquets Colección Andanzas 160 páginas

Sitio Oficial | Ficha en Editorial Tusquets

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