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'El piloto ciego', de Giovanni Papini

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Giovanni Papini (Florencia, 1881-1956) fue uno de los escritores destacados de la renovación cultural italiana del siglo XX. De formación autodidacta, colaboró en diversas revistas literarias y filosóficas, cultivó el ensayo, la crítica de arte, el relato y la narración cercana a la novela. Su impecable calidad literaria fue, en muchas ocasiones, inseparable de una personalidad controvertida y polémica tras su acercamiento al fascismo. Sin embargo, como confiesa Alicia Mariño en el prólogo de este volumen, Papini es hoy “un autor injustamente olvidado”.

Su primer texto narrativo fue ‘Lo trágico cotidiano’ (1906), integrado por veintiséis cuentos. A partir de 1914 abandonó el género del relato y sus escritos adoptaron la forma de prosas fragmentarias. Empeñado en promover la renovación literaria en Italia, inició la ardua tarea de escribir una ‘Historia de la Literatura Italiana’, de la que sólo llegó a publicar el primer volumen (que dedicó a Benito Mussolini). Fue nombrado académico y presidió el Instituto de Estudios sobre el Renacimiento de Florencia, ciudad en la que también fundó la revista ‘Rinascita’.

Tras la Primera Guerra Mundial se convirtió al catolicismo y comenzó a escribir diversos textos de carácter religioso (‘Historia de Cristo’, ‘Cartas del Papa Celestino VI’, ‘El Juicio Universal’ o la discutida ‘El Diablo’).

El piloto ciego se publicó en 1909; en la segunda edición de 1913 Papini sustituyó los cuatro cuentos finales por otros cuentos escritos más tarde. Desde entonces, esta segunda versión es la que se considera legítima y es la que ahora publica Rey Lear en traducción de Paloma Alonso Alberti.

Los trece cuentos que integran el volumen varían radicalmente, unos de otros, en temática, en estilo y en tratamiento. Alicia Mariño lo expresa así:

Los cuentos que componen ‘El piloto ciego’ […] son difíciles de clasificar. No pueden ser considerados totalmente fantásticos, extraños o terroríficos, ni tampoco el agobiante lado del absurdo que por ellos transita es siempre evidente; sin embargo, conmueven, perturban e incluso, de algún modo, angustian.

En efecto, no se trata de cuentos puramente fantásticos, al estilo de Hoffman o Poe, pero sí gozan de algunas sutiles características que generan ansiedad y desconcierto en el lector. De casi todos se desprende una reflexión filosófica que emerge de una situación insólita, aunque ésta, sin embargo, no recibe la dosis de extrañeza que sería habitual por parte del protagonista (siempre un narrador en primera persona). Junto al contenido metafísico, en casi todas estas narraciones se vislumbra el sarcasmo y una crueldad semejante a la de Villiers de L’Isle-Adam.

Hasta hoy lo único que había leído de Papini era el cuento que inicia este volumen, Dos imágenes en un estanque, que ahora ha vuelto a sorprenderme y maravillarme. He disfrutado todos y cada uno de estos relatos que, a pesar de ser tan diferentes entre sí, rezuman una melancolía común, melancolía que en unas ocasiones se tiñe de dulzura (‘¿Por qué quieres amarme?’, ‘El reloj detenido a las siete’) y en otras de una ironía cruel (‘El día no devuelto’, ‘El suicida sustituto’, ‘La Tía de Todos’). El último texto (escrito para la segunda edición), ‘453 cartas de amor’, supone un brillante broche final que conjuga el sentimentalismo clandestino con el sarcasmo: la relación que tiempo atrás inspiró esas cartas ahora es traducida en un mero cómputo matemático de páginas, papel y sellos. Tres mil doscientas veinte hojas, cincuenta y cinco liras, de incomodidad amorosa en el fondo del cajón.

Recomiendo, pues, leer a Papini, conocerlo, descubrirlo. Disfrutar de una prosa refinada y salpicada ligeramente de humor cruel.

Rey Lear Editores 128 páginas

Más información | Ficha en Rey Lear

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