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‘Eres una bestia, Viskovitz’ de Alesandro Boffa

‘Eres una bestia, Viskovitz’ de Alesandro Boffa
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No puedo evitar afirmar que este libro de cuentos me ha encandilado. Por su originalidad, por su extensa documentación (lo cual se traduce en que uno sale mucho más sabio y con callo mental después de haber pasado por estas páginas), por su fina ironía y, en definitiva, por esa extraña cualidad que poseen los buenos textos: que permiten leerse de una sentada, sin tomar aire. O como si fuera aire.

Eres una bestia, Viskovitz, de Alesandro Boffa es una antología de cuentos protagonizados por animales, pero de buen seguro no se parece a ningún cuento protagonizado por animales que hayáis leído nunca (tal vez el ejemplo más próximo sea Rebelión en la granja).

Fijaos en fragmentos de gran contundencia como éste:

No hay nada más tedioso que la vida, nada más deprimente que la luz del sol, nada más falso que la realidad. Para mí cada despertar era una defunción, vivir era morir.

Esto es lo que piensa un lirón cuando debe dejar de hibernar.

A medida que el metabolismo empezaba a funcionar, se dejaban sentir los pinchazos en las articulaciones, la deshidratación, el dolor en todas y cada una de las células. Era la agonía del despertar, de un tormento que duraría otros cuatro meses, hasta el nuevo letargo. En esos momentos, lo único que te da fuerzas para volverte a levantar es el hambre, saber que si no engordas no podrás dormir. “Ánimo, Visko”, me dije, “a tu edad es razonable pensar que puedes esperar todavía otros tres letargos, y éstos, viejo lirón, sería una verdadera lástima perdérselos.”

Aunque en todos los cuentos el protagonista se llama Viskovitz (y también tienen los mismos nombres el resto de personajes), en cada cuento el protagonista es un animal diferente: un lirón, un caracol, un cerdo, un escarabajo, etc.

Un animal que sufre los avatares propios de su condición. Un animal humanizado, sí, pero a años luz de la humanización tipo Disney: aquí los animales son humanos adultos, deleznables, inseguros, hiperreflexivos, llenos de contradicciones y, sobre todo, extremadamente fieles en sus virtudes y defectos de su especie: el lirón basa su filosofía de vida en el dormir y el soñar, el caracol tiene dos sexos, tiene miedo a la endogamia y hace cosas como la que sigue:

Saludé y me retiré al interior de la concha. Tapé cuidado¬samente el opérculo y lo sellé con sales calcáreas, porque nunca se sabe lo que puede pasar.

Es decir, que estos personajes son tan verosímiles que lo resultan por partes iguales tanto en su condición animal como en su condición humana. En su condición animal parece que estemos viendo la serie Félix Rodríguez de la Fuente. En su condición humana, que estamos leyendo un libro de filosofía alemana. En conjunto, sin excepción, el personaje siempre las pasará canutas o picará mucha piedra, lo cual le otorga cierto aire de cartoon a cada cuento; lo cual es de agradecer.

Las fábulas suelen encerrar enseñanzas elementales. Las fábulas que nos presenta Boffa, por el contrario, lanzan mensajes de profundo calado, de los que te hacen pensar y darle vueltas al cuento durante un buen tiempo. Todo impregnado, eso sí, de una sutil ironía que os obligará a sonreír en más de una ocasión. Como por ejemplo esta conversación entre una mantis y su vástago:

“¿Cómo era papá?” le pregunté a mi madre. “Crujiente, un poco salado, rico en fibra.” “Quiero decir antes de comértelo.” “Era un mequetrefe inseguro, angustiado, neurótico, un poco como todos vosotros, los machitos, Visko.”

Y qué más puedo decir, salvo que tenéis la obligación de buscar rápidamente un ejemplar del libro de Boffa. Tal vez acabéis descubriendo que en el fondo sois una maldita cucaracha.

Editorial Lumen
160 págs.
ISBN 8426412645

Sitio Oficial | Ficha en Editorial Lumen

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