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Historia (inacabable) de los dos escritores y la lectora, por Italo Calvino

Historia (inacabable) de los dos escritores y la lectora, por Italo Calvino
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Proyecto de relato. Dos escritores, residentes en dos chalets en vertientes opuestas de un mismo valle, se observan por turnos. Uno de ellos suele escribir por la mañana y el otro por la tarde. Por la mañana y por la tarde, el escritor que no escribe apunta su telescopio hacia el que escribe.

Uno de los dos es un escritor productivo, el otro es un escritor atormentado. El escritor atormentado observa cómo el escritor productivo rellena los folios de líneas uniformes, cómo crece el manuscrito en una pila de folios ordenados. Dentro de poco el libro estará acabado: sin duda una novela de éxito – piensa el escritor atormentado con cierto desdén pero también con envidia. El considera al escritor productivo nada más que un hábil artesano, capaz de producir novelas en serie como panecillos calientes para secundar el gusto del público; pero no consigue reprimir un fuerte sentimiento de envidia hacia ese hombre que consigue expresarse a sí mismo con semejante seguridad metódica. No es sólo envidia la suya, es admiración, si, admiración sincera: en el modo en el que ese hombre emplea todas sus energías en la escritura hay sin duda una generosidad, una confianza en la comunicación, en el dar a los demás lo que esperan de uno, sin plantearse problemas introvertidos. El escritor atormentado pagaría quién sabe cuánto para parecerse al escritor productivo; querría tomarlo como modelo; su máxima aspiración es ahora convertirse en lo que él es.

El escritor productivo observa al escritor atormentado mientras este se sienta en el escritorio, se come las uñas, se rasca, arranca un folio, se levanta para ir a la cocina a hacerse un café, después un té, después una camomila, después lee un poema de Hölderlin (cuando está claro que Hölderlin no tiene nada que ver con lo que está escribiendo), copia una página ya escrita y luego la tacha entera línea por línea, telefonea a la tintorería (cuando ya estaba establecido que los pantalones azules no podrán estar listos antes del jueves), después escribe algunos apuntes que valdrán no ahora pero puede que a continuación, después va a consultar la enciclopedia a la entrada Tasmania (cuando está claro que en lo que escribe no hay ninguna alusión a la Tasmania), arranca dos folios, pone un disco de Ravel. Al escritor productivo nunca le han gustado las novelas del escritor atormentado; cuando las lee, siempre le parece estar a punto de aferrar el punto decisivo pero luego ese punto se le escapa y le deja un sentimiento de desazón. Pero ahora que lo ve escribir siente que este hombre está luchando contra algo oscuro, un rebullir, un camino que desbrozar que no se sabe a dónde lleva; a veces tiene la impresión de verlo andar por una cuerda suspendida en el vacío y se siente arrebatado por un sentimiento de admiración. No sólo admiración, también envidia; porque siente cuán limitado y superficial es su propio trabajo en comparación con lo que el escritor atormentado va buscando.

En la terraza de un chalet al fondo del valle una joven toma el sol leyendo un libro. Los dos escritores la miran por el telescopio. “¡Qué absorta está, cortado el aliento! ¡Con qué gesto febril gira las páginas! – piensa el escritor atormentado. – ¡Seguro que lee una novela de gran efecto como las del escritor productivo!” “¡Qué absorta está, casi transfigurada en la meditación, como si viera desvelarse una verdad misteriosa! – piensa el escritor productivo, - sin duda lee un libro denso de significados ocultos, como los del escritor atormentado”

El mayor deseo del escritor atormentado sería el de ser leído como esa joven lee. Empieza a escribir una novela tal y cómo piensa que lo escribiría el escritor productivo. Mientras que el mayor deseo del escritor productivo sería el de ser leído como esa joven lee. Empieza a escribir una novela tal y cómo piensa que lo escribiría el escritor atormentado.

La joven es abordada primero por un escritor y luego por el otro. Ambos le dicen que quieren hacerle leer las novelas que acaban de terminar de escribir.

La joven recibe los dos manuscritos. Después de algunos días invita a los autores a su casa, juntos para su gran sorpresa. - ¿Pero qué broma es esta? – dice, - ¡Me habéis dado dos copias de la misma novela!

O

La joven confundo los dos manuscritos. Devuelve el primero al productivo la novela del atormentado escrito a la manera del productivo, y al atormentado la novela del productivo escrito a la manera del atormentado. Ambos al verse falsificados tienen una reacción violenta y reencuentran su propia vena.

O

Un golpe de viento desencuaderna los dos manuscritos. La lectora intenta volver a juntarlos. Surge una única novela, bellísimo, que los críticos no saben a quién atribuir. Es la novela que tanto el escritor productivo como el atormentado habían soñado siempre con escribir.

O

La joven había sido siempre una lectora apasionada del lector productivo y detestaba al escritor atormentado. Leyendo la nueva novela del escritor productivo, lo encuentra falso y comprende que todo lo que había escrito era falso; en cambio ahora recordando las obras del escritor atormentado las encuentra bellísimas y no ve el momento de leer su nueva novela. Pero encuentra algo completamente distinto de lo que se esperaba y lo manda también al infierno.

O

Idem, sustituyendo “productivo” a “atormentado” y “atormentado” a “productivo”.

O

La joven era etc etc apasionada del productivo y detestaba al atormentado. Leyendo la nueva novela del productivo no se da cuenta para nada de que algo haya cambiado; le gusta, sin particulares entusiasmos. En cuanto al manuscrito del atormentado lo encuentra insípido como todo lo demás de este autor. Responde a los dos autores con frases genéricas. Ambos se convencen de que no debe ser una lectora muy atenta y no le prestan más atención.

O

Idem sustituyendo etc.

¿O?

Traducción libre a partir de Si una noche de invierno un viajero...

En Papel en Blanco | Italo Calvino

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