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La buena gente

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David Foster Wallace es el escritor joven que más ha dinamitado con su trayectoria el concepto de nueva promesa. ¿Por qué? Con sólo treinta y tantos ya publicó su gran (su BÍBLICA, casi) novela americana: La broma infinita (que me cuentan que es imprescindible). Antes, durante el breve reinado de Bret Easton Ellis y la novela chungosocial posthorrorífica, el señor ya se había desmarcado con una novela todavía inédita en castellano (The broom of the system) y uno de los más originales y a estas alturas obligatorios libros de relatos contemporáneos (La niña del pelo raro).

Desde que dijese su última palabra en la ficción (Extinción) poco hemos sabido de este grandioso autor en los terrenos ficticios. Para consolarnos su labor periodística es de una gracia interminable y muchos de sus mejores artículos ven a la luz en The Guardian. A los lectores que no tengan la oportunidad de comprarlo en su lengua original, les recomiendo con fervor adolescente la lectura de los ensayos incluidos en Algo supuestamente divertido que nunca más volveré a hacer.

Y a los lectores de inglés, claro está, que abran cava puesto que DFW ¡ha vuelto! No con un libro pero si con un relato inédito llamado Good people que se puede leer en la edición online del New Yorker. Como todo lo demás de este señor esto es, como no, una maravilla.

Vía I Bluelephant (del.icio.us)

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