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‘Lunarias’ de Alfredo Álamo

‘Lunarias’ de Alfredo Álamo
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Alfredo Álamo (Valencia, 1975), coordinador de la red social dedicada a la literatura Lecturalia y autor de numerosos relatos, acaba de sacar a la luz su último artefacto literario, Lunarias, una compilación temática de microrrelatos.

No es la primera vez que Álamo se embarca en este tipo de historias que se leen en 15 segundos pero que pueden parpadear en la cabeza durante 15 minutos, como poco: ya había publicado antologías como Minoloquios y cementerios o El violador ventrílocuo.

Lunarias es una suerte de piscolabis macabro al estilo Tim Burton, una serie de historias e ideas presentadas a modo de narraciones hiperbreves, como píldoras poéticas supervitaminadas de sugerencias, sin jerarquía en su presentación salvo por la división en tres apartados: Lunarias, Lapidarios y Feriantes. Un tríptico engarzado formalmente que explora con buena dosis de terror y humor grotesco un cementerio (Lapidarios), un circo de freaks (Feriantes) y un manicomio (Lunarias).

Con un lenguaje limpio y una mirada esquinada, Álamo radiografía lo cotidiano hasta que aflora el horror: hasta lo más bello puede estar cimentado en lo repugnante (una rosa que crece en el estiércol), y lo más repugnante puede acabar siendo lícito (hasta mediados del siglo XIX, los seguros de vida se consideraron una profanación que transformaba el sagrado acontecimiento en una vulgar mercancía).

Estas píldoras, pues, que deben ser administradas milimétricamente, han sido diseñadas por el autor para influir en los parámetros emocionales del lector, en su frecuencia cardiaca, en su presión arterial, en su respiración y hasta en la resistencia galvánica de su piel.

Con todo, la carga connotativa de Lunarias no es constante. Algunos de los microrrelatos son simples anécdotas o casi chistes que basan su gracia en retorcer la realidad con idéntica fórmula, resultando en ocasiones muy predecibles. Lo cual, hasta cierto punto, es natural si tenemos en cuenta la cifra de microrrelatos que se nos presenta: más de 100.

Álamo debe de ser muy consciente de que, con su propuesta minoritaria, casi marginal, paga un impuesto de ostracismo que lo condena a un número de lectores que cabrían en un tren. Sin embargo, será un convoy que parte hacia horizontes infinitos, huyendo de la madriguera de la literatura convencional o acomodaticia.

Lunarias, pues, es una pequeña flor silvestre, llena de espinas, pero jamás de invernadero. Sólo espero que esta impertinencia intrépida bendiga a muchos otros escritores: disfrutaré mucho leyéndolos.

El lanzador de hachas sólo falló el último lanzamiento, que se clavó en la madera, junto a las otras cinco hachas que atravesaban la cabeza de su desafortunada ayudante.

Viaje a Bizancio Ediciones 132 páginas

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