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'Mil cretinos' de Quim Monzó

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Cuando hace ya casi un mes (¡cómo pasa el tiempo!) os comentaba que Quim Monzó había escrito un microrrelato para la nevera, os decía que precisamente estaba inmerso en la lectura de uno de sus libros de relatos. Y aquí está ya la excelente impresión que me ha dejado Mil cretinos. Como con algún que otro autor, a Quim Monzó lo conocía de sus artículos en los dominicales, que me parecían bastante buenos, tanto los más divertidos como en los que se ponía más serio. Pero curiosamente nunca había leído un libro suyo, lo que me parece aún más extraño teniendo en cuenta su predilección por los relatos, cosas que pasan…

Así, que ahí estaba yo aquella tarde en la librería cuando llegué a la ‘M’ de la estantería y me topé con Monzó. Como era una de las excursiones largas que suelo hacer de vez en cuando, estuve echando un vistazo a todos los libros que allí tenían de él y acabé llevándome este ‘Mil cretinos’, del que llegué a leer no pocos relatos en la misma librería.

Así nos encontramos con diecinueve relatos en los que rebosa el humor negro por todas partes, tiene un sentido del humor que hace que te rías incluso cuando habla de los temas más serios, y en alguna ocasión, te quedas preguntándote cómo puede ser tan buena la frase que acabas de leer. También he de reconocer que la primera comparación que se me vino a la cabeza fue con el gran Saki (que no es poca cosa…), tanto por conseguir sacarte la sonrisa en todo momento, como por lo breve de sus relatos.

En cualquier caso, ‘Mil cretinos’ se divide en dos partes bastante diferenciadas. Por un lado nos encontramos con siete relatos que podríamos llamar ‘normales’, en cuanto a su esquema. Es decir, entre quince o veinte páginas donde nos cuenta una historia que se desarrolla a lo largo de las mismas. En la segunda parte sin embargo, nos topamos con una colección de relatos de apenas dos o tres páginas, incluso alguno de una sola. Son pequeños esbozos o postales que captan un momento de la vida cotidiana de los protagonistas. Y es aquí donde para mí aparece el mejor Monzó, consiguiendo algunas perlas maravillosas.

En cuanto a la temática que aborda en estos relatos, encontramos de todo, desde historias de amor (más o menos típicas ya es otra cosa), de celos, el aburrimiento de la vida cotidiana, de los pequeños detalles que dicen mucho o de la añoranza del tiempo pasado. Pero sí es cierto que quizá el único tema al que recurre en varios títulos es la vejez, o el miedo a ella, así como la desesperanza que podemos encontrar en esos días.

Quim Monzó

Como es imposible que cite uno solo como el mejor, os hablaré de los que me han llamado un poco más la atención (no precisamente por demérito del resto). De la primera parte que os hablaba, si me tuviera que quedar con uno forzosamente, el elegido sería El señor Beneset, que nos cuenta la visita de un hijo a su padre en una residencia de ancianos, resalta la naturalidad con la que ya el hijo asume una característica (nada común) adquirida por el padre y destila tristeza, esperanza y sonrisas a partes iguales. También muy destacable me resulta El amor es eterno, una muy original historia de amor con un final sorprendente y ¿feliz? Y muy sorprendente Sábado, donde una señora se empeña en romper con todos los recuerdos de un hombre que ha sido importante en su vida. Tremendo, duro e inesperado final y quizá el relato que se sale un poco del tono utilizado en el resto.

En cuanto a la segunda parte, la de las joyitas, mi preferido es Treinta líneas, donde sufriremos con un escritor acostumbrado a desbarrar en sus novelas cuando le piden que escriba un cuento muy cortito. Aunque no pueden dejar de mencionarse otros como el simpático Un corte, con un niño que casi tendrá que pedir perdón por tener una herida profunda en el cuello; El reborde desusado, donde un chico intentará ligar hablando del último libro de moda que no ha leído o con el que me ha hecho personalmente más gracia, Una noche, que cuenta como protagonista con un príncipe azul que tendrá que usar todo tipo de artimañas para despertar a la princesa, porque con un simple beso, nada de nada. Y no os digo ninguno más por no ponerme pesado…

En cuanto a Quim Monzó, podemos decir que nació en 1952 en Barcelona y que se mueve como pez en el agua escribiendo cuentos, lo que se demuestra en libros como El porqué de las cosas, Ochenta y seis cuentos o El mejor de los mundos. También se ha atrevido por supuesto con la novela, en Gasolina y La magnitud de la tragedia y tiene otros pocos libros donde se recopilan sus artículos periodísticos, de hecho es colaborador habitual en La Vanguardia. Como curiosidad (que yo no tenía ni idea hasta ahora mismo), escribió junto con Cuca Canals el guión de Jamón, jamón (no sé si eso es bueno o malo…). Los premios tampoco faltan en sus vitrinas, destacando cuatro premios de la Crítica y el Premio Nacional de Literatura.

Pues sólo me queda recomendaros que os acerquéis a los relatos de Quim Monzó y disfrutéis de un mundo muy particular que no os dejará indiferente. A mí me ha atrapado con este ‘Mil cretinos’ y no tardaré en dejarme llevar por otro de sus libros de relatos. Desde ahora, seguro que tendré épocas en que me apetecerá un poquito de la mezcla de humor y sonrisas con regusto amargo y desesperanzado, es decir, un poquito de Quim Monzó.

No le ha pasado nunca por la cabeza preocuparse por la extensión. Cuanto más extenso, mejor: bendita sea cada nueva línea, porque, una detrás de otra, demuestran no sólo el grandor sino también la grandeza de su obra, y por eso – aunque, en el fondo, una, dos o cincuenta líneas no añaden nada a la historia que narra – nunca en la vida las expurga. En cambio, para escribir este cuento casi tendría que coger la cinta métrica y ponerse a medirlo. Es absurdo. Es como pedir a un atleta maratoniano que corra los cien metros con dignidad. En un cuento, cada nueva línea no es una línea más sino una línea menos.

Extracto del relato ‘Treinta líneas’

Anagrama
Colección: Compactos
176 páginas
ISBN: 9788433973726
7,50 euros

Más información | Ficha en Anagrama
En Papel en Blanco | Quim Monzó escribe un microrrelato para un imán de nevera

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