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'Arabella' de Georgette Heyer

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A pesar de tener unos dos millones de libros por leer (libro arriba, libro abajo) hace poco me estaba planteando volver a releer todas las novelas de Jane Austen. Teniendo en cuenta que tan sólo son cinco, la cosa no supone demasiado esfuerzo. La idea surgió después de leer Los Watson y un par de pastiches más o menos infumables (esto os lo cuento otro día, porque uno era malo con avaricia y el otro, muy malo también, no está traducido al castellano, por lo que hay pocos riesgos de que os topéis con él). Y como no tuve bastante con estos dos, me decidí por Arabella de Georgette Heyer. Mirad que valiente soy...

No os podéis imaginar lo obsesionados que están en el mundo anglosajón con Jane Austen. No, en serio. Continuaciones de sus novelas, estudios de la época, análisis de las costumbres sociales, libros de cocina y un largo etcétera que hace que si te interesa esta autora oigas llorar a tu tarjeta de crédito cada vez que vas a hacer un pedido de libros. Y así, bicheando por Internet di con Georgette Heyer, una autora británica adorada por las Janeites (nombre que se dan a sí mismas estas locas seguidoras del trabajo de Austen, y que, lo creáis o no, fue acuñado nada menos que en 1894 por un estudioso de la autora) y que despertó mi curiosidad bibliófila. Y es que es precisamente esta señora la creadora del género de Regencia, un género muy popular en la literatura romántica histórica situado precisamente en ese periodo de la historia inglesa.

Escogí 'Arabella' al azar, pues todos los títulos me parecieron bastante similares. La historia en sí es bastante corriente. Arabella Tallant, hija de un párroco de provincias, es invitada por su madrina a pasar la temporada con ella en Londres. Como es habitual en estas historias, el principal objetivo de Arabella es encontrar un marido, y a ser posible, un marido muy rico, ya que tiene varios hermanos y la situación económica de sus padres no es precisamente la mejor...

Y como ya sabemos cómo funcionan estas cosas, ocurre lo que tiene que ocurrir. En su viaje hacia Londres conoce a Beaumaris, el hombre más popular de la ciudad... y también el más rico. Arabella, impetuosa como lo son todas las jovencitas, decide decir una mentirijilla sin importancia, pero la cosa se desmadra de tal manera que toda la ciudad cree que es una riquísima heredera venida del norte, y los pretendientes no tardan en amontonarse a su paso. Sin embargo, Beaumaris es un hombre mucho más serio de lo que se podría pensar en un principio y poco a poco la atracción se hará inevitable...

Tenemos también las desgraciadas aventuras con deudas de juego incluidas del hermano menor de Arabella, Bertram, todo un petimetre al que la ciudad le viene un poco grande, además de un sinfín de personajes secundarios que sirven de comparsa a la cursi historia de amor que aquí se narra. Con un estilo ñoño y algo afectado, no falta algún que otro toque de humor, pero no deja de ser una historia sencillísima y muy fácilmente olvidable. Ojo, esto no significa que esté mal escrito, que no es el caso, pero es que este tipo de literatura no me conmueve lo más mínimo.

Nacida en Wimbledon en 1902, Georgette Heyer inventaba historias para sus hermanos menores cuando estos estaban enfermos. Animada por su padre, comenzó a escribir y con tan sólo 21 años publicó su primera novela, La polilla negra. Su gran éxito de ventas la convirtió en el sustento principal de su familia tras la muerte de su padre, y los best sellers continuaron año tras año. Adorada por miles de lectores, especialmente por sus novelas románticas situadas en la Regencia, sobresalía por su gran estudio de la época, acumulando toda la información imaginable, desde la ropa interior hasta la comida, pasando por las costumbres sociales o incluso el precio de las velas en un año concreto. Celosa de su intimidad nunca concedió entrevistas y moriría en 1974. Sus libros siguen vendiéndose en cientos de países y es admirada por autoras como A. S. Byatt.

'Arabella' se publicó por primera vez en 1949, y se nota. Toda ella es muy inocente y ligera, los problemas no son excesivamente serios, y todo acaba como tiene que acabar, es decir, bien. Lo he leído más por curiosidad que por otra razón, y aunque se lee muy rápido, se olvida de igual manera. Si queréis leer algo ligeramente parecido a Jane Austen, podéis echarle un ojo a Georgette Heyer, aunque las comparaciones son odiosas. Una lectura ligerita para despedir el verano, sin tener que pensar mucho y con una risita boba. A veces es justo lo que necesitamos...

Su madre había hecho muy bien su trabajo: antes de que la arrepentida hija pudiera pronunciar una sola palabra de la disculpa que con tanto cuidado había ensayado, su padre la tomó de la mano y, esbozando una dulce y nostálgica sonrisa, dijo: "Hija mía, te ruego que me perdones. Ayer fui muy injusto contigo. Es increíble que yo, que tanto predico la moderación a mis hijos, no sepa controlar mi temperamento." - ¡Habría preferido que me hubiera pegado, Bertram! - exclamó Arabella. - ¡Cielos, sí! - coincidió Bertram estremeciéndose-. ¡Qué cosa tan rara! Cuánto me alegro de no haber estado abajo. Cuando padre se culpa de algo, me siento fatal.

Salamandra Traducción: Gemma Rovira Ortega ISBN: 978-84-9838-133-7 288 páginas 17,50 euros

Más información | Ficha en Salamandra

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