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'Colgando de un hilo' de Dorothy Parker
Reseñas

'Colgando de un hilo' de Dorothy Parker

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Cualquier cosa que creas sentir, cualquier comentario que hagas en Facebook o Twitter, cualquier frase más o menos ingeniosa que se te ocurra decirle a tus amigos, ten por seguro que ya se le ocurrió antes a Dorothy Parker. Especialmente si hablamos de amor, desamor, corazones rotos y relaciones dolorosas que no llevan a ninguna parte. En eso era una maestra y aunque no te sirva de mucho consuelo cuando estás esperando a que suene tu teléfono al menos sabes que no eres la primera (ni la última).

Colgando de un hilo recupera quince relatos (más un poema introductorio) de la genial autora Dorothy Parker. Quince relatos protagonizados por mujeres un poco perdidas, un poco ridículas y muy enamoradas. Mujeres como tú y como yo, porque es imposible leer sus historias y no sentirse a la vez comprendida y un poco abochornada.

Parker nos habla de esperanzas, de celos, de hombres malos que juegan con nosotras y de ilusiones rotas que se van desvaneciendo con cada minuto que pasa sin recibir un mensaje. No os creáis que sus protagonistas son unas santas porque no hay nada más alejado de la realidad y eso hace que las sintamos aún más cercanas, más como nosotras e igualmente estúpidas.

Es imposible no sentirse retratada en uno u otro de estos relatos. Una llamada que no llega. La sensación terrible de que él ya no te busca como antes. Hacerse la tonta ante mentiras flagrantes. Aconsejar a una amiga que pase de ese capullo para tú lloriquear porque tu propio capullo no te ha escrito. Situaciones dolorosas y ridículas a partes iguales pero que todos (todos) hemos sentido alguna vez.

Con su prosa brillante y acertada Parker nos hace una crítica de una sociedad que se repite, de situaciones que vuelven a darse una y otra vez y que seguirán sucediendo porque da igual que hablemos por teléfono a través de una operadora o que esperemos el doble check azul en whatsapp, el deseo de amor y de pertenencia siempre está presente.

Dorothy Parker nació en New Jersey en 1893 pero desde muy joven vivió en Nueva York, su ciudad adorada. Ácida y sin tapujos, diseccionó una época que en realidad no está tan alejada de la nuestra. Escribió poesía y relatos y colaboró con muchísimas revistas de moda y sociedad como Vogue, Vanity Fair o The new yorker. Murió en 1967 pero a día de hoy sigue haciéndonos reír como el primer día.

Esta edición, además, cuenta con las divertidas ilustraciones de Simone Massoni y sus muñequitas captan a la perfección los sentimientos de Parker. Lumen se ha lucido con esta edición, bellísima, en formato grande e ideal para regalarte a ti misma y a todas tus amigas.

Dorothy Parker es divertida y cruel y es imposible terminar de leer estos relatos sin sentirnos un poco dolidas, un poco tontas, un poco enamoradas. Seguimos queriendo que suene el teléfono, que no nos mientan, que nos adoren de verdad de la buena. Así que mientras esperas esa llamada lo mejor que puedes hacer es leer este libro. Al menos la espera habrá servido para algo.

Esta es la última vez que miro el reloj. No volveré a hacerlo. Son las siete y diez. Él dijo que me llamaría a las cinco. «Te llamaré a las cinco, cariño.» Creo que me llamó «cariño» al decirme eso. Casi estoy segura de que lo dijo entonces. Sé que me ha llamado «cariño» dos veces, y la ocasión anterior fue cuando me dijo adiós. «Adiós, cariño.» Estaba ocupado y no podía decirme gran cosa desde la oficina, pero me ha llamado «cariño» dos veces. No puede haberle importado que yo le llamara. Ya sé que no debería telefonearles una y otra vez... Sé que no les gusta. Cuando haces eso, saben que estás pensando en ellos, que los deseas, y eso hace que te aborrezcan. Pero no había hablado con él en los tres últimos días..., ni una palabra en tres días. Y lo único que he hecho ha sido preguntarle cómo estaba. Nada más, cualquiera podría preguntarle lo mismo. No puede haberle molestado esa llamada, no puede haberme considerado un incordio. «No, por supuesto que no», me dijo, y añadió que me telefonearía. No tenía necesidad de decir eso. No se lo pedí, de veras. Estoy segura de que no se lo pedí. No creo que dijera que me llamaría sin intención de hacerlo. Por favor, Dios mío, no le dejes hacer eso. No, por favor.

Fragmento de "Una llamada telefónica".

Más información | Ficha en Lumen

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