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'La buena novela' de Laurence Cossé

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Parece que hace mucho más tiempo que os hablé de La buena novela de Laurence Cossé, pero resulta que no. Unas tres semanas, más o menos, y ya la he leído, porque era difícil resistirse a una historia construida alrededor de una librería muy especial, misterio libresco incluido. Si en las librerías puedo pasarme horas y horas sin darme cuenta (y amontonando libros que podría llevarme...), resulta irónico pasar el tiempo libre en una librería imaginaria, pero así es.

'La buena novela' es, precisamente, el nombre de una nueva librería que abre en París. Su intención, ya está clara, ofrecer sólo y únicamente buenas novelas. Aquí nos encontramos con un tema espinoso... ¿Quién decide si una novela es buena o no? En este caso concreto, una comisión formada por ocho escritores ha elegido sus seiscientas novelas imprescindibles y sobre esas elecciones se construye el fondo de la librería. ¿Novedades? Casi ninguna, tan sólo aquellas que realmente merezcan la pena.

Detrás de esta idea extraordinaria se encuentra Ivan "Van" Georg, que actúa como librero y cabeza visible de la librería, mientras que los fondos para poder hacer realidad este sueño los aporta Francesca Aldo-Valbelli, perteneciente a la alta sociedad italiana y francesa. Juntos ponen en marcha esta librería ideal, sin intenciones económicas, por el simple y puro placer de compartir buenas historias, alejados del ritmo frenético de entrada y devolución de novedades que se vive en una librería corriente. Claro que este oasis del buen gusto no será bien recibido por todos...

Por supuesto, los ocho miembros del comité de selección se mantienen en secreto. No se conocen entre ellos, se llaman por nombres falsos, y nada hace sospechar de su implicación con la librería. Sin embargo, cuando tres de ellos sufren ataques malintencionados que casi acaban con sus vidas, llega el momento de ponerse serios y acudir a la policía. Un misterio bibliófilo, digno de un hueco entre los estantes de su propia librería.

Como no podía ser menos, 'La buena novela' está repleta de referencias al mundo del libro, en todos los sentidos. Autores y lectores se confunden con libreros y editores, permitiéndonos echar un vistazo al particular mundo de las librerías. Resultará curioso para los que nunca se han preguntado cómo funciona realmente una librería (aunque sea tan particular como esta), mientras que los que alguna vez hemos sufrido la locura de los plazos de las novedades y devoluciones nos vamos a sentir muy identificados...

En la parte negativa, tengo que destacar que en ocasiones no he conseguido empatizar con los personajes. Me ha ocurrido, especialmente, con la relación entre Van y Anis, que para mi gusto resulta demasiado rebuscada, demasiado literaria, por decirlo de alguna manera, aunque en conjunto no desentona demasiado con el tono del libro. Llamadlo manías mías, si queréis...

En cuanto a la propia idea de una librería que sólo vendiera buenas novelas, mis sentimientos son encontrados. Por una parte, sería un sueño, pero por otro... ¿quién me garantiza que los libros que me gustan son realmente buenos? ¿cómo se libra esta singular lucha entre la objetividad y la subjetividad? A menudo he pensado en eso mismo, una librería donde vender sólo lo que a mí me gusta, lo que no significa que sólo fueran buenos libros. Simplemente, los que me gustan a mí. Los que son buenos para mí. Sobra decir que sin vender bestsellers iba a arruinarme en un mes...

Laurence Cossé nos da aquí toda una lección de amor a los libros. A los buenos libros, aunque sigo pensando que ese adjetivo es demasiado subjetivo. Un misterio que sirve como hilo conductor para lo que realmente importa, los libros, el placer de la lectura, ese acto de amor desinteresado que supone recomendar un libro que nos ha enamorado a personas que no conocemos. Queremos compartir esa sensación, esa euforia que sentimos cuando leemos algo que nos llega al alma. ¿Hay algo más hermoso? Yo creo que no...

Lo menos que se puede afirmar acerca de la desaparición de Paul Néon es que no levantó apenas revuelo en el cantón del Biot donde se sospechaba que se había afincado; ni siquiera en el minúsculo pueblecito de Les Crêts, cuya última casa ocupaba. Paul se desplomó sobre una mullida alfombra de hojas en descomposición, que se extendía unos metros más abajo del camino forestal por el que resulta probable que avanzara tambaleándose; diez días más tarde, el joven Jules Reveriaz encontró su bufanda al borde del sendero, a quince metros del lugar en el que su dueño había caído. Dos o tres ramas secas crujieron bajo su peso. Cuando el silencio se impuso de nuevo, una vibración lo quebró durante apenas un instante. Las hojas negras, al apelmazarse, emitieron un susurro de esos que solo las arañas de agua perciben cuando, por ejemplo, a orillas de una charca, tras escudriñar la oscuridad varios minutos, inmóvil y con el cuello erguido, un gato se tiende sobre el musgo. Un cuarto de luna velado de bruma iluminaba, a las diez de la noche, lo justo para distinguir el camino entre las sombras.

Impedimenta Traducción: Isabel González-Gallarza ISBN: 978-84-15130-26-0 416 páginas 23,95 euros

Más información | Ficha en Impedimenta En Papel en Blanco | Laurence Cossé nos trae 'La buena novela'

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