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'Las novelas tontas de ciertas damas novelistas', de George Eliot

'Las novelas tontas de ciertas damas novelistas', de George Eliot
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Ya sabéis que siento una predilección especial por los autores británicos del siglo XIX. Es un hecho. Dame una novela victoriana y una taza de té y ya estoy lista para pasar la tarde sin muchos sobresaltos. Por eso, cuando gracias a Impedimenta llegó hasta mí Las novelas tontas de ciertas damas novelistas de George Eliot no me lo pensé mucho. Hay fotos que incluso lo atestiguan. No es una novela, cierto, pero habla sobre novelas...

En este pequeño ensayo George Eliot carga las tintas contra las novelas tontas, como ella las llama, es decir, las novelas dirigidas al público femenino que proliferaron en su tiempo. El género que ella bautiza como de artimaña y confección no es sino una burda amalgama de lugares comunes y de tramas repetitivas, cuya descripción nos arranca más de una carcajada mientras Eliot las disecciona.

Estas novelas tontas están protagonizadas, invariablemente, por una heroína prácticamente perfecta en todo. No sólo es bellísima, también su ingenio es excepcional y su conducta es irreprochable. Pese a toda esta perfección, su vida suele ser muy desgraciada, ya que suele elegir un marido que no está a su altura. Un par de condes perversos, alguna que otra gitana y media docena de adoradores terminan de completar el cuadro. Sin embargo, no temáis ya que el destino suele ser benévolo con nuestra querida muchachita y más tarde o más temprano, conseguirá el amor de su vida.

Eliot no sólo carga contra el fondo, también critica la forma, quizás lo más inexcusable de todo. Ciertas damas novelistas se ven incapaces de escribir con naturalidad esa alta sociedad a la que parecen pertenecer. Sus diálogos son poco menos que imposibles y la insustancial charla de los protagonistas se ve salpicada de citas de filósofos que no vienen a cuento y que no hacen sino enmarañar aún más el embrollo insalvable en el que se ha convertido la novela.

Con una perspicacia y una aguda ironía Eliot se dedica a desmontar todos los mitos que rodean esta supuesta literatura edificante. Hilarante el momento en el que nos desvela que se solían perdonar todos los fallos de las novelas femeninas por creer que la escribían pobres muchachas al borde de la ruina social. Eliot no deja títere con cabeza y apoya con ejemplos todas y cada una de sus tesis.

George Eliot es en realidad el seudónimo tras el que se ocultaba Mary Anne Evans. Dotada de una sólida educación, cosa rara en su época. Viajó por toda Europa y tradujo a autores alemanes. Su cargo como subdirectora de la revista Westminster Review la llevó a conocer a las principales figuras literarias del momento, entre ellas al filósofo George Lewes, del que se enamoró. Sin embargo, Lewes estaba casado y no podía divorciarse, pero eso no impidió que vivieran juntos como un matrimonio hasta la muerte de este en 1878. Fue precisamente él quien la animó a escribir y podemos dar gracias de contar con obras maestras de la literatura como Silas Marner o Middlemarch, considerada por muchos como la mejor novela escrita en inglés de todos los tiempos. Tras casarse con John Cross, un banquero estadounidense amigo íntimo de la familia, moriría en diciembre de 1880 en Londres.

Completa este ensayo una introducción de la traductora Gabriela Bustelo titulado Desmontando el eterno femenino, en el que pone de manifiesto cómo se ha mantenido vivo el género de las novelas tontas a través del tiempo, modernizándose en ciertos aspectos, pero siendo increíblemente fiel a otros. Arremete Bustelo contra las llamadas novelas rosas, que parecen repetir el mismo esquema una y otra vez, y contra las revistas femeninas, que venden un estilo de vida imposible para las simple mortales a las que va dirigidas.

Este sería otro debate que podría extenderse durante horas y horas pero no me resisto a dar mi opinión. Por lo que a mí respecta el principal fallo de las novelas rosas no es tanto la trama repetitiva (al fin y al cabo, Lovecraft se repite más que el ajo y nadie se queja, jeje) como la forma. Ahí veo el principal problema. Si a una trama de por sí absurda le unes una prosa pobre, apaga y vamonos. Y ojo, que en mi adolescencia leí un montón de novelas de este tipo, especialmente en los veranos en casa de mi abuela y mi tía, lectoras impenitentes las dos de novela rosa. No veo ningún mal en estas novelas si cumplen su función, esto es, agradar a sus lectoras y hacerles pasar un buen rato. En cuanto a las revistas femeninas (revistas de maris, las llamo yo, y que no se me ofendan las Marías) confieso que compro varias todos los meses. ¿La razón? Me encantan los trapitos y me relaja mirar fotos bonitas. No hay nada mejor después de un día perro que dejarse mimar por la superficialidad y pensar que mi único problema es cómo maquillarme para resaltar mis ojos... Hay días de Brönte y días de Vogue, y os aseguro que pueden convivir en perfecta armonía. Por cierto, a ver quien se aventura con un ensayo titulado Las novelas tontas de ciertos caballeros novelistas...

Las escritoras el género de "artimaña y confección" son sorprendentemente unánimes en la elección de vocablos. en sus novelas suele haber una dama o un caballero tan altos como un árbol malayo; el amante luce un porte varonil; las mentes tienen reminiscencias variadas; los corazones están huecos; los ágapes si disfrutan; a los amigos los sepultan en panteones; la infancia es una etapa encantadora de la vida; el sol es una luminaria que se reclina sobre el ocaso o que ampara el dulce vapor de la lluvia en su seno refulgente; la vida es una bendición melancólica; Albión y Britania son epítetos coloquiales.

Impedimenta 62 páginas ISBN: 978-84-15578-12-3 Traducción: Gabriela Bustelo 12,50 euros

Más información | Ficha en Impedimenta En Papel en Blanco | 'Gabrielle de Bergerac' de Henry James

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