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'Tatuajes de criminales y prostitutas' de Lacassagne, Leblond y Lucas

'Tatuajes de criminales y prostitutas' de Lacassagne, Leblond y Lucas
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La sociedad ha cambiado mucho en un siglo: lo que por entonces era un estigma hoy es una moda. Hace un siglo las capas sociales eran más rígidas y estaban más aisladas las unas de las otras, cada uno con sus costumbres, sus hábitos, sus ritos, separadas por fronteras invisibles y a veces crueles. El tatuaje era, en esa sociedad, una marca, una de esas fronteras: de un lado, los tatuados, los marineros y las prostitutas, los criminales; del otro, los que veían con horror esa práctica, las clases pudientes, de piel inmaculada. Tatuajes de criminales y prostitutas es un libro que recorre esa frontera desde el lado de la clase acomodada.

El libro, editado con mimo por Errata Naturae, está compuesto por dos ensayos. El primero, El tatuaje en los criminales, está escrito por uno de los padres de la antropología criminológica, Alexandre Lacassagne. Durante un año recopiló 1.333 tatuajes de 378 soldados de un batallón del ejército francés en Argelia formado prácticamente por criminales, condenados a cumplir su condena en el ejército en África. Lacassagne los analiza minuciosamente y los clasifica en función de una completa lista de características que incluyen desde la descripción del tatuaje a la moral del tatuado o su nivel de estudios, y muestra abundantes ejemplos (también gráficos).

De los 378 sujetos examinados, solamente 100 habían sido tatuados antes de entrar en el servicio militar, 278 después de su incorporación. No debería acusarse de manera rotunda, ante esas cifras, a la vida militar. Su influencia es escasa y el ámbito militar no tiene en este sentido la importancia del ámbito de la marina. La verdadera influencia es la cárcel. Para matar el tiempo, los detenidos se tatúan o hacen que les tatúen.

La segunda parte del ensayo de Lacassagne me resultó más interesante. Se titula 'Apéndice: vidas de hombres tatuados' y en ella describe la vida de algunas de las personas estudiadas por él de una manera mucho menos analítica, casi como un diario. A veces el propio "sujeto" escribe su historia. Un ramillete de vidas duras, de infancias truncadas para entrar en el ejército o directamente en la cárcel (por robar, por ejemplo, unos pepinos), muchas de ellas dibujadas también sobre la piel.

El segundo ensayo está escrito por Alber Le Blond y Arthur Lucas y se titula Sobre el tatuaje en las prostitutas. Ya al final de la introducción de la obra fijan su posición:

En otros tiempos, la justicia señalaba a los culpables con un tatuaje infamante; pero renunció a ello: la sociedad recompensa el coraje con una estrella y se reserva el derecho de arrebatársela a quien quisiera deshonrarla: nada es definitivo, ninguna marca indeleble jamás debe ser grabada, pues le quita al hombre el más preciado de los atributos de su individualidad: ¡la independencia y la libertad!

De hecho, al final del ensayo insisten recordando cómo se puede frenar legalmente la práctica del tatuaje. Entre ambos capítulos hay un exhaustivo muestrario de vidas y tatuajes, y su correspondiente clasificación: nombres de amantes, escenas lúbricas, flores, corazones atravesados por cuchillos...

Desgraciadas criaturas que frecuentan lugares de "placer" que, sin embargo, saben bien que la felicidad no siempre está hecha para ellas, tal como da cuenta esta melancólica inscripción:
Pas de chance - Tatuajes de criminales y prostitutas

Dos ensayos que se leen en un suspiro y que nos dan una idea, de tatuaje en tatuaje, de cómo eran las personas que formaban los "bajos fondos" de la sociedad francesa de finales del siglo XIX. Y que también dibuja, aunque sea sólo por la mirada y los prejuicios de los autores de los ensayos, un retrato de los sociólogos y médicos que intentaban explicar el mundo en aquella época.

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