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'Un niño prodigio' de Irène Némirovsky

'Un niño prodigio' de Irène Némirovsky
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Son innumerables la de veces que me han recomendado que leyera algo de Irène Némirovsky, empezando por mi compañera Sarah, fiel seguidora de la autora. Y la verdad es que siempre he sentido curiosidad por su obra, pero no ha sido hasta ahora que por fin me he leído uno de sus libros. Concretamente, Un niño prodigio, que me traje como tesoro de la pasada edición de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión de Madrid por sólo unos poquísimos euros (no recuerdo si dos o tres). El caso es que sin duda me ha dejado con ganas de más, mucho más.

Hay que comenzar diciendo que estamos ante un cuentecito, ya que ‘Un niño prodigio’ tiene cien páginas clavadas con prólogo incluido, vamos que se lee en un ratito. De hecho lo leí durante un vuelo de un par de horas en mis pasadas vacaciones (de las que por cierto tendréis noticias… literarias por supuesto, más adelante). Y aquí me vais a perdonar pero voy a hacer un inciso en toda regla para daros un consejo: nunca os leáis el prólogo de un libro hasta el final, ya que suelen pensar (no sé por qué) que sabes toda la historia y te suelen destripar absolutamente todo. Pero volvamos a lo que nos ocupa…

Como os decía ‘Un niño prodigio’ puede pasar por un cuento, si bien Irène se caracteriza por sus obras cortas en cualquier caso. El caso es que se trata de una historia tan prodigiosa como el niño y contada con una ternura y una crudeza cuando lo requiere, que hacen inevitable disfrutar de la prosa de Némirovsky. Si además tenemos en cuenta que la escribió con sólo veinticuatro años entonces sólo podemos admirarla sin reservas.

Nos encontramos en una ciudad del sur de Rusia, a orillas del mar Negro, donde nace Ismael Baruch, nuestro protagonista, perteneciente a una familia muy pobre de la ciudad, donde los muchos hermanos van muriendo víctimas de enfermedades y son sustituidos al poco por otro hijo. Así las cosas, el futuro se presenta muy complicado, entre la mendicidad, el duro ambiente portuario y muy pocas ilusiones. Pero a Ismael le gusta tratar con la gente del puerto: malhechores, prostitutas, extranjeros, y todos con intenciones dudosas. De hecho con diez añitos lo emborrachaban y lo hacían cantar para todos ellos. Pero mira por dónde, esos cantos cambiaron su vida.

Ya que aquí el amigo tiene un auténtico don, y aunque comenzó cantando canciones que le enseñaban los distintos marineros de la zona, muy pronto se inventaba él mismo las letras con una soltura y una habilidad impresionantes. Hasta el punto de que en una de sus jornadas es escuchado por un poeta venido a menos que le presenta a una extraña princesa. Dicha princesa lo tutelará y le hará conocer las mieles del éxito y la vida cómoda y exuberante. Su familia no puede estar más contenta y orgullosa de Ismael, y él sueña con hacer grandes cosas, pero va creciendo, y poco a poco le irán abandonando todos los que un día le aplaudieron y agasajaron. Así, hasta llegar a un final que impresiona vivamente y que te deja dándole vueltas a la historia que acabas de leer durante varios días. Impresionante final.

De Irène Némirovsky no se puede decir mucho que no sepamos ya, pero recordemos que nació en el año 1903 en Kiev y que tras la revolución rusa se refugió junto a su familia en París. Allí se graduó en 1926 en Letras y empezaría a escribir sus grandes obras, de las que podemos destacar títulos como David Golder, El baile o El ardor de la sangre. Casada y con dos hijas, encontraría su final en el campo de concentración de Auschwitz en 1942, donde contrajo tifus y murió un mes después de su llegada, dejándonos sin las palabras de una de las mejores autoras del siglo XX.

Ahora entiendo por qué insistían tanto en que leyera algo de Irène, y es que sin duda es imprescindible conocer al menos algunos de sus títulos. En el caso de ‘Un niño prodigio’, lo recomiendo encarecidamente a todos aquellos que todavía no hayan entrado en el mundo de Némirovsky. Les aseguro que les sorprenderá y se quedarán con ganas de más. Además se lee literalmente en un ratito. Por mi parte, ya estoy buscando otro libro de esta genial autora, porque os digo que en breve acabaré leyéndome otro. Ya veréis, ya.

Atrapados por la ciudad o por el mar, casi nunca volvían a casa. Muchos zarpaban en los grandes barcos que iban a Europa cargados de grano y cereales.

Pero la mayoría morían en la primera infancia. Las epidemias infantiles hacían estragos en el barrio judío y se llevaban por delante niños a centenares. Los Baruch perdieron así a la mitad. Su vecino, el carpintero, aceptaba clavar unas tablas a guisa de ataúd a cambio de un pantalón viejo o una cazuela abollada. La madre lloraba un poco, desnudaba el cuerpecillo y lo acostaba en la caja recién hecha que olía a resina de pino.

Alfaguara
104 páginas
ISBN: 978-84-204-7357-4
Traducción: Miguel Azaola
9,95 euros

Más información | Alfaguara
En Papel en Blanco | ‘Los perros y los lobos’, de Irène Némirovsky

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