Compartir
Publicidad

‘En las antípodas’, de Bill Bryson

‘En las antípodas’, de Bill Bryson
Guardar
1 Comentarios
Publicidad
Publicidad

Tras la reseña de Una breve historia de casi todo, volvemos con otro libro de este prolífico autor británico que, además de escribir de viajes, se ha atrevido con la lingüística y la ciencia.

Para muchos, Bill Bryson es el viajero más divertido y excéntrico del mundo, y sus libros de viajes sobre Estados Unidos, de los que soy fiel devoto, así lo demuestran. Sin embargo, me costó atreverme con su última obra traducida al español que me quedaba por leer: nunca me ha llamado la atención ese país lejano que es Australia.

Por suerte, acabé leyéndolo y descubrí que En las antípodas es tan divertido e interesante como los otros. Y el libro también me ha demostrado que Australia es uno de los lugares más exóticos y curiosos del planeta. De hecho, si tuviera que elegir nueva nacionalidad, no dudaría en decantarme por la australiana.

No en vano, Australia es el sexto país más grande del mundo y la isla más extensa, sin embargo, también es uno de los países del primer mundo del que menos sabemos. Se celebraron las Olimpiadas, Mel Gibson nació allí… poco más. Sus noticias parecen no abandonar nunca la isla, sus gentes parecen vivir lejos de todos nosotros. ¿Cuántos de nosotros sabemos que un grupo terrorista hizo estallar hace poco una bomba nuclear en Australia? Y, no obstante, Australia es la Noruega del trópico: segura, limpia, ordenada, con un nivel de vida envidiable… y el sol brilla con frecuencia.

Australia también es un lugar indómito en muchos sentidos. Allí vive el ser vivo más grande de la Tierra, la Gran Barrera de Arrecifes; diez de las serpientes más venenosas del mundo son australianas; si bañándote en sus aguas ideales para surfistas te pica una medusa cofre, da igual que te inyecten morfina o que te quedes inconsciente, seguirás gritando de dolor porque no hay nada que sea capaz de generar tanto dolor como eso; un tiburón o un cocodrilo, si te descuidas, puede zamparte antes de que puedas pestañear; apenas se conoce una ínfima parte del interior de Australia, el outback, que puede guardar más oro del que jamás hayamos soñado, además de toda clase de animales que se creían extinguidos: el 80 por ciento de las plantas y animales de Australia no existe en ninguna otra parte del mundo; después del Transiberiano, el tren que cruza Australia es el que posee el trayecto más largo y cautivador; y así podríamos seguir hasta el infinito.

Australia también es el lugar más seco, llano, caluroso, árido, yermo y climáticamente agresivo de los continentes habitados. Sólo la Antártida es más hostil a la vida. Pero tras la narración de Bryson, uno arde en deseos de mudarse a vivir a uno de los mejores lugares del mundo en todos los sentidos. Incluso dispone de sus propios montes nevados para esquiar, aunque jamás hayamos oído sobre ellos, y también sobre su propio San Francisco contracultural, y también de su propio Los Angeles hortera y millonario.

Cada página de En las antípodas está repleta de información maravillosa sobre Australia, pero de nuevo la mayor virtud en el libro de Bryson es su capacidad para contarlo todo de una forma amena, didáctica y tan, tan divertida que a veces parece que estás leyendo un libro de humor. Sin duda, aunque jamás te hayas interesado por Australia (como me pasó a mí), En las antípodas es un libro imprescindible para todo el que tenga ganas de saber qué hay más allá de lo percibimos informativamente a diario. El resto lo disfrutará por igual gracias a los chascarrillos del entrañable Bill Bryson.

los australianos tienen los mejores y más entretenidos debates parlamentarios del mundo. Las noticias de televisión de Estados Unidos, e incluso la británica, se animarían enormemente si ofrecieran un informe diario del debate australiano. No haría falta explicar de qué va el asunto –de todos modos por lo general no hay quien lo entienda-, sino simplemente permitir que el público disfrutara del intercambio de insultos. En el libro Among the Barbarians, el escritor australiano Paul Sheehan informa de un intercambio de insultos en el Parlamento entre un hombre llamado Wilson Tuckey y el entonces primer ministro Paul Keating, del que transcribimos sólo un fragmento: Tuckey: Usted es idiota. Es un tonto acabado. Keating: ¡Cállese! Siéntese y cállese, cerdo… ¿por qué no se calla de una vez, payaso? … Este hombre tiene una mente criminal… este payaso nos va a interrumpir eternamente.

Editorial RBA Bolsillo 414 páginas

Temas
Publicidad
Comentarios cerrados
Publicidad
Publicidad
Inicio