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‘La vuelta al mundo en 20 días” de Bertrand Piccard y Brian Jones

‘La vuelta al mundo en 20 días” de Bertrand Piccard y Brian Jones
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No, no os confundáis con la obra de Verne, La vuelta al mundo en 80 días. En esta ocasión sólo se emplean 20, y no es ficción, La vuelta al mundo en 20 días es una historia real, una crónica de dos hombres encerrados en un globo, que alternan periodos de convivencia pacífica con los accesos violentos propios de los largos confinamientos junto a otra persona. Como un Gran Hermano transhumante y sin cámaras.

El 21 de marzo de 1999, a las 6 horas GMT, Bertrand Piccard (psiquiatra y psicoterapeuta suizo) y Brian Jones (veterano inglés de la Royal Air Force) aterrizaron con su globo, el Breitling Orbiter, sobre el desierto de Egipto. En 19 días, 21 horas y 55 minutos habían completado la primera vuelta al mundo sin escalas a bordo de un aerostático.

Fruto de esta experiencia, han escrito al alimón (de hecho, van intercalando fragmentos firmado por cada uno, para que el lector esté al quite de a quién está leyendo en cada momento) un libro fascinante sobre viajes, pero también sobre la convivencia humana. A veces, más que un viaje en globo, me parecía estar leyendo la crónica de dos astronautas encerrados en una estación orbital.

En un globo que en nada se parece a la imagen de los globos aerostáticos del imaginario popular, una especie de envoltura gris metalizado que eleva a una cápsula habitacional de color rojo, ambos emprenden el viaje con un plan de vuelo inicial que recorre Francia, vuela sobre los Alpes, Niza, Islas Baleares, Marruecos, Mauritania, Malí, Nigeria, Sudán, Arabia Saudí, Omán, India, Birmania, Sur de China, Océano Pacífico, California, Canarias y un aterrizaje, tras 20 días de periplo, en el Norte de África, a 10º de latitud este.

Un plan de vuelo que, mal que bien, logran cumplir, no sin antes superar toda clase de vientos turbulentos, o esperar corrientes de aire favorables durante horas o días, salvándose de peligros inesperados, de tormentas, de peleas propias de un matrimonio mal avenido y otras tantas penalidades. Una de las más divertidas y también peligrosas consistió en recorrer el estrecho pasillo marcado por las autoridades chinas para sobrevolar su país, y eso que ya habían entablado negociaciones con Pekín un año antes de partir.

La vida diaria en el globo también es muy llamativa. Por ejemplo, deben cuidar su higiene so pena de que el otro proteste por los olores corporales, de modo que deben de limpiarse con toallitas húmedas antes y después de acostarse. Por otra parte, en el habitáculo no se concentra nunca ni una mota de polvo, y los trajes apenas se ensucian aunque los lleven puestos cuatro o cinco días seguidos. Los aseos consisten en una taza con una tapadera hermética y una válvula de evacuación situada en el fondo que también les sirve como basurero. La presión de la taza empuja el detrito hacia abajo y luego al exterior de la cápsula, proyectándose todo el contenido a la atmósfera, donde se evapora. O eso queremos creer. Aun así, en general tienen cuidado de no echar cualquier cosa en cualquier lugar.

Para que os hagáis una idea del equipo que llevan consigo en el globo, transcribo este fragmento:

En el interior, agitados como en el tambor de una lavadora, efectuamos como podemos las comprobaciones de la check-list (lista de control): -¿Radios VHF? -Ok. -¿Frecuencia uno, uno, nueve, decimal uno, siete? -Correcta. -¿Presión del altímetro? -Regulada. -¿Válvulas de seguridad de los extintores? -Abiertas. -¿Oxigenación? -Activada. -¿Válvula de helio? -Abierta para la verificación. -¿Dos indicadores rojos? -Ok. Cerrado. Y así para los casi cincuenta puntos de la check-list.

Sitio Oficial | Ediciones Península

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